PARA QUÉ CAMBIARLO TODO?

Yo me pregunto. ¿Para qué cambiarlo todo? Parece que ante un mundo convulsionado, lo que hace falta es hacer cambios drásticos. Cambios que impidan que en el futuro volvamos a caer en la misma trampa.

De ejemplos de qué hace falta cambiar hay mucho: La clase política, los recortes de sanidad, el sistema tributario… Todos parecen a simple vista los grandes pilares de una sociedad moderna. Pero no lo es. Y no lo es porque “han” querido que así sea. El único y verdadero problema es la educación. Y no me refiero al sistema educativo. No me refiero a qué cuesta, a quién va dirigido o cómo se segmento una carrera lectiva. No, me refiero a que el problema educativo es genético. Es del cómo queremos ser y de qué nos queremos desvincular.

No descubriré nada si, como latinos que somos, digo que somos pícaros, desconfiados y con el esfuerzo de una cigarra. Y estas características nos marcan como personas y como sociedad.

No tengo una solución clara. No estoy capacitado para ello. Lo que sí que creo tener claro es el diagnóstico. Una sociedad mal formada es una sociedad maleable y permisiva. Es una sociedad con facilidad para idolatrar al famosillo, al gracioso y al inválido intelectual. Idolatramos a gente que de una forma sabia y egoísta ha sabido llegar a una tribuna desde la cual verter sus miserias sobre todo el ganado. Elegimos pastores ya no mediocres, sino desvirtuados al extremo. Gente que se casa con demasiada facilidad con los lobbies económicos, eclesiásticos e incluso nobiliario.

La nuestra no es una sociedad donde el esfuerzo se recompense. Al menos no al esfuerzo académico. No recuerdo fácilmente una empresa que haya crecido en los últimos 10 años que de forma importante y que tenga una capacidad de influir en la sociedad. Estoy harto de escuchar empresa en Estados Unidos que se crearon en garages y que han acabado siendo una % del PIB importante. Esto en España es del todo imposible que pase. El techo que es imposible romper, y ni siquiera alcanzar, es una clase alta con una base arraigada en familias que históricamente han dominado nuestro país. Y lo seguirán haciendo. Y lo harán porque al dominar nuestro país, dominan la forma en que se educa a nuestro país. Y esa forma está maquiavélicamente urdida para que pensemos que somos lo que queremos ser. ¿Lo somos? Pues sí. Esa es la parte más deshonrosa de sentirme de este “país”. Estamos contentos con poder tener un coche, un piso más grande y el parket más chulo que el de nuestro vecino. Consumir por comparativa, consumir más por necesidad y por autoestima. Podríamos decir que sí, que han conseguido que nos “queramos” un poco menos.

Se me ocurre, por simple ganas de soñar, que una posible solución es que hubiera un cambio generacional que provocará una liberación de las ataduras de los poderes establecidos. Pero claro, eso se llamaría o Revolución o Golpe de Estado. Ninguna buena. Seguro? Igual es lo que pretenden con su educación, que pensemos que “ahí fuera” solo pueden pasar cosas malas. “— A cambio yo te daré ese coche turbodiesel que también se ha comprado tu vecino. Calentaré tu casa con Gas Natural y te haré creer que la ropa que te vendo te queda bien”

Como decía el chiste: “Sí pero, ¿Hay alguien más?”

PODREDUMBRE

Dos amigos tomando un café en un bar. Uno le comenta al otro una situación curiosa que le ocurrió el otro día:

“- El martes fui al Carrefour y me pasó una cosa curiosa. Después de una compra grande, dejé en los pies del carro una caja de 12 tetrabricks de leche. Siempre la pongo ahí porque gano espacio en el carro de la compra. Al pasar por caja, descargo todo el carro pero, al salir de haber pagado, me doy cuenta de que no he puesto en el mostrador para cobrar el pack de la leche. Se me había olvidado y la cajera no se dio cuenta.

– Pues muy bien! Que se jodan! Ya ganan suficiente dinero estos supermercados!

– Bueno, la verdad es que me dio cargo de conciencia y volví para atrás para comentarle a la cajera que se me había olvidado de mostrar la caja de leche. La cajera me lo agradeció.

– Tú eres gilipollas! Vamos! A quién se le ocurre? Que le hubieran dado por culo! Es culpa de ellos por no mirarlo no? Pues que les den! Anda que….”

Con esta conversación, que es real y que la he tenido con bastante gente un poco por poner a prueba una mini-estadística de lo que me rodea, podemos ver reflejado el carácter de la sociedad española. Es la sociedad que está acostumbrada a impartir justicia bajo un criterio único: el nuestro. Es decir, que en España hay como 47 millones de criterios de justicia únicos. Y la justificación para que ocurra esto es que nos hemos acostumbrado a pensar que normalmente me roban y que en cuantito tenga yo una oportunidad, que lo haga también yo.

Y es el pez que se muerde la cola. La presunción de culpabilidad endémica de nuestra sociedad hacer que todo quede pervertido y de que nos queden pocas posibilidades para salir de esta podredumbre generalizada.

Una lástima. Una verdadera lástima que no podamos hacer un “reset” en alguna generación reciente para que zanjemos esta situación tan deprimente de una vez por todas.

Y la solución está en cada uno de nosotros. Y pasa porque pensemos que el que tenemos en frente no nos está robando. Y que si lo hace, lo pagará.

Yo no pierdo la esperanza. Eso sí, cada vez que queda menos 🙁

DEJALO ASI. YA ESTA BIEN

Es una frase que asusta. Y lo hace porque según quién lo diga el desastre que puede causar puede ser enorme.

Y la idea me ha venido con la noticia del derrumbe del tejado de un supermercado en Letonia (creo que es Letonia). Me he imaginado la situación del momento en que estaban diseñando/construyendo el local del supermercado. Llegados a un punto del diseño/construcción comenzaron a ver que podían pasar dos cosas: bien se estaban saliendo de presupuesto o bien se les echaba encima la fecha de entrega. En vez de decidir qué era lo más apropiado para la seguridad del diseño o la construcción, decidieron tomar como vectores de decisión el coste o la fecha de entrega. Y me imagino a algún responsable diciendo ” Déjalo así. Ya está bien!”

Entiendo que pueden ocurrir circunstancias extremas que, aun haciéndolo bien, ocurran desgracias. Pero sinceramente pienso que no ocurren más desgracias porque no hay más fenómenos extremos. Casos como Japón y su previsión de construcción previendo los terremotos son un ejemplo de lo que digo. O el estado de California en USA.

Sin embargo, en la mayoría de los casos, me temo que alguien pronunció las malditas palabras que titulan la entrada de este blog aludiendo que ya se ha hecho suficiente.

Casos en España no nos faltan de que, una vez ocurrida la desgracia, se investiga un poco (nunca antes de la desgracia por favor!) y se ve que algo se hizo mal y el responsable queda “difuminado” en un mar de “Yo no fui. A mí me lo dijeron.”

Seguro que muchos de los que leáis esta entrada (se cuentan por millones de lectores! :P) pensaréis que soy un desconfiado. Y no, no es así. Bueno sí, sí que es así, pero la confianza es algo que se gana y se pierde con experiencias. No es un brote gratuito de buena voluntad.

La próxima vez que oigáis “Déjalo así que ya está bien” pensad en que de ahí puede nacer una desgracias. Que ocurra o no, es designio de la Naturaleza.

3 AÑOS DE CAMBIO DE HABITOS

Hoy 1 de Octubre del 2013 cumplo 3 años de mi decisión de cambio de hábitos. 3 años en los que he perdido algo más que un buen puñado de kilos de peso. He perdido dolencias, achaques y un montón de oportunidades de haber tenido un infarto de corazón 😉

El 1 de Octubre del 2010 mi obesidad me impedía, por ejemplo, atarme cómodamente los cordones de los zapatos, jugar con mis hijas, caminar durante cierto tiempo… Mi vida era una poco desastre porque mi orden en las comidas y mi vida sedentaria estaban atacando directamente mi esperanza de vida. Y ganaban 🙁

Decidí hacer un cambio de mentalidad. Un cambio drástico y de un coste muy elevado. Un cambio que me permitiera recuperar la edad que realmente ponía en mi carnet de identidad. Ese cambio de mentalidad comportaba comer las cosas que debía haber comido siempre y moverme (ejercicio) como nunca tenía que haber dejado de hacer.

El resultado? Pues la pérdida de muuuuchos kilos de peso, dejar atrás mi hernia de hiato, mi acidez estomacal, mis digestiones pesadas nocturnas, mis dolores en los tobillos y rodillas, mis dolores de espalda…. y así un sinfín de penosas dolencias.

Del año 2007 al 2010 tuve que asistir a mi médico de cabecera unas 10 veces. Desde el año 2010 al 2013 no he ido una sola vez. Es evidente que esto no es magia. He cogido algún resfriado. He tenido tos ligera en días fríos y húmedos de invierno. Y he sufrido alguna ligera lesión muscular debido al deporte que practico.

Qué esfuerzo me ha supuesto? Inmenso. con muchas ganas de abandonar, sobretodo al principio. Con la pereza llamando a mi conciencia como una gota malaya muchos días. Por supuesto es muy difícil. Lo único que combate todo esto es la fuerza de voluntad. Y de eso, aún me queda 😉

Mis conclusiones son simples. Si quieres, puedes. Eso sí, no esperes a que sea tarde. No esperes a que un médico te diga que es tu único camino. Ya será algo tarde. Lo mejor es empezar ya. Ahora. Mientras lees este texto aburrido 😉

Los beneficios solo los notarás tú, pero te cambiarán tanto que la gente te recompensará con sus comentarios. Ya verás 🙂

Muchos ánimos!!!

SABER ESTAR

Si tuviera que elegir algo que me gustaría poder hacer sería esto, saber estar.

Me vienen recuerdos de cuando era pequeño y mi madre corregía mi postura de los hombros, de la espalda encorvada o cualquier otra postura inadecuada. Y la recuerdo cuando se chupaba el dedo (HORRORRR!!!!) y atacaba directamente la comisura de mi boca donde celosamente guardaba una porción de Nocilla para recurrir a ella en momentos de necesidad. Ella sabía que no debía almacenar dicho tipo de material en dicho lugar. Menos aún si íbamos a un evento (forma pija para decir realmente “visita”). Mi madre me enseñaba formas de saber estar. El método educativo era simple. Podríamos llamarle “gota malaya”. A costa de repetirlo (con manteca incluída) se me iba quedando. Se nos iba quedando 😉

Y no soy el mejor ejemplo del saber estar. Quizás todo lo contrario. Es muy fácil demostrarlo. Ponme en una fiesta con palmas y flamenco, mírame a la cara y verás cómo refleja lo contrario de “saber estar”.

Y es algo que envidio con profundidad. Saber estar significa realmente pasar desapercibido. Ni en bueno, ni en malo, inadvertido.

La gente, por lo general, tiene es don. Y es algo que me genera confusión. Es correcto no ser uno mismo para integrarte en el grupo? Cuánto hace falta que te integres? Lo suficiente incluso para llegar a anular tu “yo? Supongo que es en ese punto donde no sé cómo posicionarme. Necesito aprender.

La ventaja de esta carencia es que las fuentes de las que puedes absorber conocimiento están por todas partes. La gente sabe estar. Como algo bueno digo, pero no honesto. Tan solo es una opinión.

El equilibrio es lo complicado. Saber cuándo debes adaptarte al entorno, cuándo no y/o cuándo lo puedes hacer a medias.

Trabajaré para conseguirlo aunque mucho me temo que me va a costar un poco 😉

SIN GRISES

Ayer, mientras dábamos un paseo tranquilo, presenciamos un accidente de tráfico. Un coche atropelló a una chica joven (entre 12-15 años) mientras ésta cruzaba un paso de peatones (mejor que llamarle de cebra que parece más asalvajado).

Ante una situación tan traumática con la que vimos, las reacciones de las personas que estábamos allí fue muy diversa, es lógico. Ciertos nervios (incluso algún que otro histerismo), confusión antes las posibles lesiones de la chica, enfado… Bueno, como digo, lo normal.

En los primeros 30 segundos quizás éramos 10-15 personas. Al primer-segundo minuto podríamos llegar a 50 personas. Como os podéis imaginar, había opiniones y posiciones para todos los gustos ante el mismo escenario. De hecho, ante la misma situación, diferentes “ojos” vieron diferentes cosas.

No sé si lograré describir fielmente lo que pasó. Entiendo que estuve implicado y que puedo ser subjetivo en mis apreciaciones. Aún así, lo intentaré.

El conductor del vehículo, viajaba en el coche con su mujer y su hija y venían de la playa. La velocidad de circulación no podía ser muy elevado puesto que el paso de peatones está en medio de una curva (sí, un lugar ideal para poner un paso de peatones :P). Lo primero que hizo el conductor al atropellar a la chica, fue bajarse muy nervioso para pedir disculpas. El chico, llorando, no paraba de pedir perdón a todo el mundo. Era un acto de arrepentimiento sincero a mi modo de ver. No le exculpa, pero lo atenúa, sin duda.

A los pocos minutos del hecho pudimos comprobar, no de forma científica porque no somos médicos, que la chica atropellada estaba bien. El susto y los nervios no se los quitaba nadie, pero “vitalmente” parecía íntegra.

Aún así, la historia que viene a partir de ahora es la que más me avergonzó de todo este relato. Y tiene que ver con la puñetera cultura española del “conmigo o contra mí”. Ya hablaba de este tema en otra entrada sobre la paridad.

La gente justo después del accidente se posicionó en una de esta posturas:

– El conductor es un asesino y merece la muerte

– Esto nos puede pasar a cualquiera y el conductor se merece cierta comprensión

Y lo que me molesta de todo es que, sin dudar o no de la culpabilidad del conductor, encuentro ciertas matizaciones que afectarían al resultado de mi juicio. Y creo que atender dichas matizaciones debería ser obligatorio. Sin embargo, este argumento que doy, no lo parecían compartir muchos de lo que allí estaban. No sabría decir en qué tanto por ciento, pero se hacía notar. Y extiendo esta reflexión al resto de la vida y de todas sus circunstancias. Y comienzo a desconfiar de mis conciudadanos. Y no porque sea un ser superior, si acaso todo lo contrario. Es porque la sangre fría debería imperar en todas nuestras decisiones. Temo pensar qué pasará por las mentes de personas que pertenezcan de un jurado popular. Todos sabemos los juicios paralelos que solemos hacer los españoles y cómo nos aferramos de forma ferviente al dicho “cuando el río suena…..”

Y no hay matizaciones posibles. No hay grises. Es blanco o negro. Culpable o inocente. No puede existir un solo atenuante. Si es culpable, es culpable y merece la muerte inmediata. Con un solo argumento a favor que encontremos, enseguida nos erigimos en jueces-verdugos y sentenciamos y aplicamos (aplicaríamos) la pena.

De verdad que no quisiera cometer un error, por pequeño que fuera y que me acabaran juzgando las personas que ayer, con los ojos casi inyectados en sangre,  se convirtieran en mis “hombres sin piedad”

Siempre hay grises, incluso cuando digo “siempre” 😉

CARIÑO DE BATALLA

Llevo muchos días pensando en cómo nos hace falta a la gente el cariño. Y no hablo de un cariño empalagoso, no. No el de esas parejas que empiezan a salir y que si te los quedas mirando un rato cuando están sentados en un parque, destilan algodón de azúcar por los poros de su piel. No a ese tipo de cariño tan pasional. No. Me refiero al cariño de sentirse querido, apreciado o valorado.

Es el cariño que debemos dar y recibir en el día a día con todos aquellos que nos rodean. Porque la vida es suficientemente quebradiza como para no contar que ese “pegamento” tan contundente como es el cariño.

El cariño es el poso del amor profundo. De la pasión. Del respeto. De la admiración. De la amistad longeva.

Y entono el mea culpa como primer incumplidor de esta e-petición que hago escribiendo esta entrada. Me doy cuenta que cuando me faltan ciertas personas alrededor, entonces siento un sentimiento de no haberles dado el cariño que debía haberles dado cuando podía. No me refiero a gente que haya fallecido, que también. Me refiero a todo aquel del que te separas tan solo dos horas.

Trabajé muchos años en un sector laboral que se centraba mucho en la muerte. Trabajé muchos años para la funeraria. Atendía a familias que habían perdido algún familiar. Como os podéis imaginar, las situaciones eran tristes, muy tristes. Pero si había un denominador común en la mayoría de los casos, éste era que los familiares que quedaban les surgía siempre la duda de si el fallecido se había ido de esta vida con la certeza de que los que le rodeaban le querían. Es como si dudaran si habían hecho lo suficiente para demostrarle el cariño y el amor que le tenían. Y la muerte no siempre llega con mensaje de preaviso. Había muchos fallecimientos accidentales que aumentaban este tipo de duda en los familiares.

Como se suele decir, de todo se aprende. Y yo aprendí muchas cosas en aquel trabajo. Una de las más importantes es el tema sobre el que trata esta entrada. En el cariño del día a día. El que debes comunicar a cada momento. No con palabras, no es necesario. Un mirada, un tono de voz, una caricia, una sonrisa, un guiño, un gesto.. Hay mil formas y todos las conocemos.

No existen grandes motivos por los cuales no podamos hacerlo más que un pudor banal. Vergüenza? Con quien? Con el que quieres? No puede ser. La vida son dos días y hay que pasarlos sonriendo y haciendo sonreír. Todo lo que demos, nos vuelve.

Es, lo que podríamos llamar, el cariño de diario. El cariño de batalla.

 

POR GOOGLE!

Que es como decir “Por Dios!”

Leyendo el fantástico artículo de Juan José Millás de hoy día 27 de Julio del 2013 en El País que hablaba de cómo realizar ciertas búsquedas en Google, se me ha ocurrido esta entrada.

Siempre he pensado que las figuras divinas en las diferentes religiones debieron tener un origen basado en el desconocimiento. Digamos que pienso en nuestros antepasados y sus creencias respecto al Sol y la Luna y sus influencias sobre cosechas, lluvias, o plagas. Cuando aparecen hechos inexplicables, el cerebro humano suele acomodarse en que existe “algo” que explica todo eso que no podemos comprender. Leía una entrevista a un físico español que decía que cuanto más avanza la ciencia más acorralados se encuentran las teorías divinas. Pues a todo aquello que no llegamos a comprender, le damos un toque divino.

Pero eso es hasta hoy. Hoy ya existe una explicación para todo. O prácticamente. Y dónde la encontramos siempre? En Google. Google es nuestra divinidad. Google no nos dice solo lo que queremos saber sino también lo que queríamos saber y no sabíamos ni cómo preguntarlo. Me aterra ver como siempre que busco algo en Google, siempre me dice “Usted quiso decir” Joder! Sal de mi cabeza! Cómo leches ha descubierto qué es lo que quería decir?

Y no solo eso! Corrige mis faltas ortográficas, me da alternativas a lo que quería, me enseña cómo hacer las cosas y me aconseja lo mejor para todas mis fobias.

Gracias Google!!

SABES QUE TE HACES MAYOR CUANDO

– …haces tuya la frase de tu padre “cuando te hagas mayor lo entenderás”

-…un niño o un chico te dice “señor, me puede decir la hora?”

– … rellenas un formulario on-line y tienes que hacer scroll-down en el campo “año de nacimiento”

– … te das cuenta que todos los gallegos de bares y bodegas han sido sustituidos por chinos

– … no tienes ni idea de cuándo utilizar # 0 @

– … piensas de alguien joven “qué sabrás tú!”

– …te empiezan a enviar imágenes sobre artículos-objetos de los años 80 y sonríes

– …pierdes el nombre para pasar a ser “papa de…”

-…un ligero movimiento que antes era solo eso, ahora te causa una pequeña lesión

-…una resaca pasa de ser algo divertido y que comentas con risas a un “joder, nunca más!”

-…atarse los cordones de los zapatos provoca más de un ruidito.

-…las velas de tus pasteles son las mismas pero con el orden invertido

-…te preguntas si te quedará jubilación

-…ves series de dibujos animados que tú veías y te das cuenta que eran horribles y muy mal hechas

-…piensas en que debes cuidarte un poco más

-…te preguntas si deberías cambiar la forma de vestir por si ya desentonas

-…empiezan a meterte en el grupo de riesgo y tienen que hacerte ciertos análisis que antes no te hacían

-…el tiempo que dura una semana te parece un par de días

-…sonríes y aparecen al lado de tus ojos “lineas marcadas”

-…recuerdas el dicho “quien no tiene cabeza, tiene pies” cada vez que te olvidas algo y te fastidia sobremanera. Te insultas

-…hablas del pasado tanto como tu padre o tu suegro

-…empiezas a leer un documento y te das cuenta que estás “achinando” los ojos

-…piensas que no llegarás a ver ciertos inventos que sabes que tienen que llegar

-…incluyes alimentos “ricos en fibra” en tu dieta

-…al meterte un BigMac en la boca aparecen ligeros remordimientos

-…los mosquitos empiezan a elegir sangre más fresca y te libras de noches con picores

-…sales de la ducha y “tiras la toalla” diciendo, “esto ya no se puede arreglar”

-…los dedos de tus pies comienzan a ser tímidos y a esconderse unos debajo de los otros

-…cada día resoplas y suspiras más. Y cuando te preguntan por qué, dices que tú no has suspirado

-…la piel de tus codos te piden a gritos que les eches crema o se pudrirán irremediablemente

-…te das cuenta que todo tiene la misma explicación: “pedazo de hijos de p…”

-…

Porfa, échame una mano a completar esta lista 🙂

 

Gracias de antemano

EQUILIBRIO

Y lo difícil de mantener.

Y no me refiero al equilibrio físico, no. me refiero al equilibrio que hay que mantener siempre en cada momento de tu vida. Y no es fácil mantenerlo porque siempre existe una tentación que te lleva al contrario de lo que debieras.

Es como resumir la lucha entre el “deber” y el “querer”. Tengo una norma y no es otra que hacer primero lo que debo y luego lo que quiero. Bien es cierto que mi objetivo primordial es conseguir que lo que quiero y lo que debo sean lo mismo, pero no siempre se puede conseguir.

Un ejemplo para intentar explicarme. Durante los últimos 3 años de mi vida, he sido muy metódico para mantener una alimentación equilibrada y saludable. Pero al hacerlo, debía rechazar las constantes tentaciones que iba recibiendo cada día de mi vida: unas tapas, un helado, un McDonalds, una costillada… Mi cabeza me decía que lo que debía hacer era rechazar todas esas ideas pero mi instinto me indicaba lo contrario. No os podéis imaginar (o sí :P) lo dura que es esa lucha. Y de forma constante. Más aun cuando tienes una madre que cocina como una artista. Al final, mi lucha ha servido para que coma lo que debo pero, además, coincide con lo que quiero. Es un proceso costoso pero para todos accesible.

Es un solo ejemplo de lo que es la vida. Se repite en cómo dejar de fumar. O cómo mantenerse en forma. O cómo emprender un proyecto. O cómo mantener tus relaciones de amistad o familiares. Todo, absolutamente todo presenta una dualidad entre lo que quieres hacer y lo que debes hacer.

Intento imaginar qué cosas ocurren de esta forma y me sale una larga lista de situaciones en las que se repite. Y al final se relacionan con actitudes. Algunas dualidades que te llevan a la “lucha”:

Hosnesto Vs Ambicioso

Consecuente Vs Conveniente

Lealtad Vs Adecuado

Esfuerzo Vs Comodidad

A veces, cuando veo a una persona obesa por la calle mientras camina con ciertos esfuerzos y fumando pienso “vaya por Dios! Sin duda, han ganados los “quiero” frente a los “debo”. “Quiero fumar” Vs “debo dejarlo”. “Quiero saciarme” Vs “Debo equilibrar mi alimentación”. “Quiero estar sentad@” Vs “Debería hacer ejercicio”

Somos pocos los que leemos este blog, pero estoy convencido que cada uno de nosotros tiene a diario algún tipo de lucha interna en alguno de estos sentidos.

Yo, por ejemplo, lucho cada día con levantarme temprano para hacer deporte. Mi lucha la resumiría en “quiero descansar en la cama” Vs “debo mantenerme en forma”. Es evidente que cada uno tiene un equilibrio y que cada uno se lo gestiona como quiere. Que no hay un pensamiento en este aspecto que sea mejor que el otro. Seguro. Lo que sí es cierto es que paseando por la calle, cada día, veo demasiada gente haciendo lo que quiere en vez de lo que debe.

“Debo recoger las cacas de mi perro” Vs “no creo que nadie me vea ahora no cogerla. Eso que me ahorro”

“Debería ceder el paso a esa bicicleta que está subiendo la cuesta” Vs “lo siento, llego tarde”

“Debo bajar la música para no molestar a mis vecinos” Vs “Cómo mola la música con esta potencia”

“Cuando me ayudan, debo ayudar” Vs “si pudiera lo haría. No es por falta de ganas, pero…”

Mi propuesta: Primero lo que se debe hacer y luego lo que se quiere hacer. No es tan complicado y la sociedad, por lo general, sale ganando. Y please, no te fijes en el que lo hace mal, tu cerebro te engaña para que tu conciencia se consuele. Y no es el camino.