CONTRA CORRIENTE

O, lo que podría ser lo mismo, “predicar en el desierto”. Nadar contra corriente es como me siento en los últimos años. Pero no quisiera que esta situación recordara a aquel chiste en el que un conductor pone la radio y escucha en la radio que hay un conductor suicida conduciendo en sentido contrario en la misma autopista que por la que él va. De repente dice “Uno no! MUCHOS!!!!”. Intentaré argumentar porqué, aún nadando a corriendo, no me siento que me método no es ortodoxo.

Me preocupa tener que tomar decisiones que siempre van en contra de lo que se espera de mí. Pero me enoja pensar que, lo que se espera de mí, va más con la falta de criterio y un vulgar “déjate llevar” que no con un argumento racional y bien argumentado. Para mi no es suficiente el argumento “es lo que hace todo el mundo”.

Y si en algún periodo de mi vida se da más veces la situación de sentirme que nado contra corriente, ese periodo es la época estival. Creo que es la época más cargada de tópicos que se repiten hasta la saciedad y que, salvo excepciones como la época navideña, no tiene comparación en ninguna época del año.

En la época estival tienes que:

  • Viajar. Darte la mayor paliza del mundo. Lejos. Cuanto más lejos, mejor. No hace falta que te pueda venir de gusto. Debes hacerlo.
  • Tostarte al sol. Aprovechar siempre las opciones que nos da el sol para poner a la parrilla nuestra cada día más desvalida piel. Sino te dirán, “Coño, cómo estás tan blanco?”
  • Vivir la noche con intensidad. Si sales, lo tienes que petar.
  • Beber el mejor mojito. No sabes por qué pero siempre hay alguien que te dice “Tú quieres tomar un mojito de verdad?”. El que te habías tomado era de mentira.
  • Si vas al pueblo, tienes que volver con los productos autóctonos. Imposible encontrar esa calidad en la mierda de mercado que tienes al lado de tu residencia habitual.
  • Comer y beber como si no hubiera un mañana. Ya están los septiembre/lunes para arreglarlo a la vuelta.
  • ….

Y todos los puntos anteriores son de fácil explicación (desde mi punto de vista, obviamente) porque yo en vacaciones quiero descansar. Hacer mi vida normal, disfrutar de los míos (qué importa dónde!), respetar los horarios y las dietas del resto del año, si éste ha estado dentro de la normalidad y del sentido común, y disfrutar del tiempo que no tienes el resto del año pero a ritmo lento, sin prisas ni relojes. Tan descabellado parece?

Entramos también, en esto de nadar contra corriente, en el mundo profesional. Me irrita sobremanera que el mercado no entienda con certeza lo necesaria que es la honestidad. Ser honesto es fundamental para poder ser eficiente. Las mentiras, engaños o triquiñuelas al que nos sometemos en el mercado español (consuela pensar que no seamos el único país en el que pasa. Consuelo de tontos, lo sé), están a la orden del día. Es difícil encontrarte con alguien que te diga “oye, me he equivocado. Y como me he equivocado, asumo las consecuencias”. IMPOSIBLE, son todo gatos que caen siempre sobre las patas. Ya puedes arrinconarlos con datos y hechos que jamás, por el miedo a las consecuencias, reconocerán haberse equivocado. Qué fácil sería ser honestos. Seríamos un país idílico. Apetecible para hacer negocio. Al menos, tenemos ejemplos de grandes empresas en que la honestidad es su visión y su misión: Pepephone, BQ, Yoigo… y poco más.

Sin embargo, lo que más me cuesta de todo es cuando mi forma de actuar va en contra de la “norma general” en cuanto a cómo quiero educar a mis hijas. En este punto, debo reconocer, mi guerra está prácticamente perdida. No renuncio a poder obtener alguna victoria en alguna de las batalla que comporta esta guerra con lo “común”, pero como resultado general, empiezo a intuir una deshonrosa derrota.

En lo que se refiere a cómo intento educar a mis hijas, mis batallas perdidas son muy claras:

  • Difícil conseguir racionalizar el uso de aparatos electrónicos cuando la sociedad está inmersa en un uso hiperintensivo
  • En relación con el punto anterior, difícil controlar cuándo y cuánto adquirir y usar la telefonía móvil. Nada ayuda, la verdad. Sus amigos, los padres de éstos, familiares, hábitos generales de la sociedad…
  • Difícil insistir a que no entren a discutir, ni a pelearse, ni a ser soeces…. tienen las de perder. Nuestros hijos no están sometidos al estricto control de sus padres. No hay un criterio único, pero frases como “no te dejes mandar” o “si te pegan tú le das el doble” sobre frases que intuyo que se usan con demasiada frecuencia en la intimidad del núcleo familiar. Una pena.
  • Controlar el contenido televisivo que se consume o hacer caso a las recomendaciones PEGI que los propios canales indican. Difícil impedir que vean un contenido que todos los de su clase ven. ¿Qué argumento puedes usar contra el “es que todos lo ven!”?

 

Y todo que me reconozco perdedor, y que me supone tener una estado de lucha latente con mis hijas, con mi entorno e, incluso, con mis familiares, creo que no voy a dejar que esta guerra concluya todavía. La esperanza es lo último que se pierde y, hace poco, en una conversación profesional con un hombre mucho más inteligente que los que estamos en la media, me dijo que su lucha por los hijos había sido muy, muy exigente en cuanto a voluntad, pero el resultado solo lo puedes ver pasados muchos años. Una frase que suelo decir yo es que la vida (y su formación) es una carrera de muy largo recorrido y que los resultados nunca son inmediatos. Hay que generar hábitos, costumbre y normas de educación que, en un futuro medio-largo, suponga un beneficio para tus hijos. En ello estamos, pese a todo, y con esperanzas de sacar ni que sea algo de provecho.

A la guerra!!!!

DEMOCRACIA Y BIG DATA

A raiz de un artículo que ley de una asociación de usuarios que luchaban conjuntamente por su “Derecho al olvido” se me ocurrió pensar en cómo funcionaba Internet y qué razón tenían de reclamar algo que parece tan íntimo. Tanto, que creo que los demás no nos damos suficiente cuenta. O sí.

Si de algo no hay duda es que Internet ha democratizado muchos aspectos de nuestra vida. Igual demasiados. No entraremos a discutir quién tiene derecho de qué y de cómo. Lo que está claro es que existe una gran mayoria de usuarios que, cuando accedemos a algún servicios, nos da lo mismo cuáles son las condiciones en las que se dan. Vamos, que no leemos las condiciones contractuales que siempre existes. Ah! Qué mas da! “Siguiente”, “Siguiente” y listo.

Internet ha democratizado básicamente la información. Está por todas partes. Lo primero que haces cuando alguien te comenta algún tema es “googlear”. Confías en “San Google” para encontrar todo lo que necesitas en todo momento. Eso sí, lo mío no. Lo mío que se quede en el más absoluta discreción. Y si, por casualidad me he excedido en ofrecer al mundo información íntima, que la borren porfa que va contra mi intimidad.

Bueno, vale. Que se haga. Creo que es verdad que es un Derecho.

De lo que realmente quiero tratar aquí es de los que no queremos que se ejerza nuestro Derecho al olvido. Y no lo hacemos porque creo, en cierta medida, que queremos dejar un legado digital.

En qué se basa nuestra existencia? En perpetuarnos. La descendencia es el medio para conseguir el objetivo. Perpetuar nuestra información genética. Y digitalmente? Ahora tenemos esta opción. Ahora tenemos la opción de conseguir que, una vez hayamos dejado este mundo, la gente podrá ver qué dijimos, dónde estuvimos, con quién nos relacionamos, qué nos gustaba. Es decir, vamos a dejar un legado de información que antes, sin era digital, no era para nada posible. Para mí es una ventaja. Lo es porque ahora ya no tiene porqué ser recordado el lider, el famoso, el popular, el histórico. Ahora, cualquiera puede ser “investigado” y averiguar muchas cosas sobre él.

Eso sí, tenemos una objeción, toda la información será usada por todos aquellos que tengan cierto interés comercial sobre nosotros y nuestro entorno. De hecho, y es un concepto que ya habéis debido escuchar, Big Data se basa en estudiar y entrelazar los miles o millones de datos que circulan sobre la gente y crear perfiles de comportamiento para, a través de ellos, extraer un beneficio para sí mismos. Y ojo! Es importante que sepamos esta regla de juego más allá de los propios contratos “aceptados” a la ligera. Es importante entender que aceptamos que estemos ayudando de forma inconsciente (ahora ya no) a que en el futuro, todos nosotros estemos más controlados por el “ojo que todo lo ve”, Big Data.

Democratizamos la posibilidad de postergar nuestra información a cambio de que Big Data se aproveche ya no sólo de nosotros sino de los nuestros y nuestro entorno.

Amén!

CARTA A LOS PADRES

Lo siento. Creo que es los que deberíamos empezar diciendo en una carta a nuestros padres. Y digo carta por la falta de valor implícita que hay en estos casos de sinceridad. El problema de este “lo siento” es que siempre llega tarde. Llega cuando uno mismo experimenta la paternidad y aparecen con tus hijos unos vínculos emocionales que hasta entonces te eran desconocidos. Y es cuando empiezas a comprender el amor de unos padres hacia sus hijos. Nunca antes.

Leí hace un tiempo que existen una explicación genética al amor que unos padres sienten por sus hijos y no al contrario. La naturaleza, en su evolución natural, ha sabido escribir en nuestra genética un mensaje de dependencia hacia nuestros hijos. El motivo es que sabemos que ellos serán nuestro apoyo en nuestra futura vejez. Y el motivo de la no correspondencia es que ellos (los hijos) saben que nuestro sus padres serán una carga en su vejez.

Justificar de una forma tan científica lo que se siente por unos hijos parece insensible. Muchos dirán que es buscar una explicación racional a la emotividad. Y comparto su opinión. Pero las cosas siempre ocurren porque algún motivo. Otra cosa es que sepamos explicarlo. Cuando no lo sabemos, nos agarramos a sentimientos (religiosos o laicos) para justificarlos.

Escribo esta entrada porque he notado esa profunda dependencia del cariño de mis hijas. Y la comparo con lo que siento por mis padres y la diferencia es abismal. El saldo al final es muy negativo para mis padres. No es inexistente, simplemente que queda en proporción ridícula cuando comparo mi sentimiento hacia mis hijas. Y es la parte injusta de esta entrada y el motivo por el cual todo hijo que se haya convertido en padre debe pedir disculpas a sus padres. Porque es en el momento de tu paternidad cuando visualizas la poca correspondencia que le has dado a tus padres en el caso de que éstos hayan sentido lo mismo que tú ahora sientes por tus hijos.

Sé que a muchos les dará a pensar mis palabras que yo no quiero a mis padres. Todo lo contrario. De lo que hablo, y me disgusta, es que he descubierto que los padres aportan mucho más a una relación sentimental con sus hijos que éstos a sus progenitores. Y me hace pensar que no estuve a la altura en muchas de las conversaciones que tuvimos, o de los gestos que realicé o de las actitudes que tomé. Y solo fue por mi falta de visión de qué ocurría en sus interiores. Me equivoqué. Nos equivocamos. Nos equivocaremos. Y por ello debemos pedir disculpas.

Eso sí, reclamar que tus hijos te adoren como tú les adoras a ellos es una labor perdida. Creo que no va a poder ser. Y es ahora que me sabe mal. Ahora que me doy cuenta que soy la parte generosa de la relación pero que evidencia que antes, era la parte egoísta con mis padres.

Lo dicho, lo siento. Lo siento profundamente. Espero ponerle remedio. Eso sí, si la genética me lo permite 😉

PARA QUÉ CAMBIARLO TODO?

Yo me pregunto. ¿Para qué cambiarlo todo? Parece que ante un mundo convulsionado, lo que hace falta es hacer cambios drásticos. Cambios que impidan que en el futuro volvamos a caer en la misma trampa.

De ejemplos de qué hace falta cambiar hay mucho: La clase política, los recortes de sanidad, el sistema tributario… Todos parecen a simple vista los grandes pilares de una sociedad moderna. Pero no lo es. Y no lo es porque “han” querido que así sea. El único y verdadero problema es la educación. Y no me refiero al sistema educativo. No me refiero a qué cuesta, a quién va dirigido o cómo se segmento una carrera lectiva. No, me refiero a que el problema educativo es genético. Es del cómo queremos ser y de qué nos queremos desvincular.

No descubriré nada si, como latinos que somos, digo que somos pícaros, desconfiados y con el esfuerzo de una cigarra. Y estas características nos marcan como personas y como sociedad.

No tengo una solución clara. No estoy capacitado para ello. Lo que sí que creo tener claro es el diagnóstico. Una sociedad mal formada es una sociedad maleable y permisiva. Es una sociedad con facilidad para idolatrar al famosillo, al gracioso y al inválido intelectual. Idolatramos a gente que de una forma sabia y egoísta ha sabido llegar a una tribuna desde la cual verter sus miserias sobre todo el ganado. Elegimos pastores ya no mediocres, sino desvirtuados al extremo. Gente que se casa con demasiada facilidad con los lobbies económicos, eclesiásticos e incluso nobiliario.

La nuestra no es una sociedad donde el esfuerzo se recompense. Al menos no al esfuerzo académico. No recuerdo fácilmente una empresa que haya crecido en los últimos 10 años que de forma importante y que tenga una capacidad de influir en la sociedad. Estoy harto de escuchar empresa en Estados Unidos que se crearon en garages y que han acabado siendo una % del PIB importante. Esto en España es del todo imposible que pase. El techo que es imposible romper, y ni siquiera alcanzar, es una clase alta con una base arraigada en familias que históricamente han dominado nuestro país. Y lo seguirán haciendo. Y lo harán porque al dominar nuestro país, dominan la forma en que se educa a nuestro país. Y esa forma está maquiavélicamente urdida para que pensemos que somos lo que queremos ser. ¿Lo somos? Pues sí. Esa es la parte más deshonrosa de sentirme de este “país”. Estamos contentos con poder tener un coche, un piso más grande y el parket más chulo que el de nuestro vecino. Consumir por comparativa, consumir más por necesidad y por autoestima. Podríamos decir que sí, que han conseguido que nos “queramos” un poco menos.

Se me ocurre, por simple ganas de soñar, que una posible solución es que hubiera un cambio generacional que provocará una liberación de las ataduras de los poderes establecidos. Pero claro, eso se llamaría o Revolución o Golpe de Estado. Ninguna buena. Seguro? Igual es lo que pretenden con su educación, que pensemos que “ahí fuera” solo pueden pasar cosas malas. “— A cambio yo te daré ese coche turbodiesel que también se ha comprado tu vecino. Calentaré tu casa con Gas Natural y te haré creer que la ropa que te vendo te queda bien”

Como decía el chiste: “Sí pero, ¿Hay alguien más?”

DEJALO ASI. YA ESTA BIEN

Es una frase que asusta. Y lo hace porque según quién lo diga el desastre que puede causar puede ser enorme.

Y la idea me ha venido con la noticia del derrumbe del tejado de un supermercado en Letonia (creo que es Letonia). Me he imaginado la situación del momento en que estaban diseñando/construyendo el local del supermercado. Llegados a un punto del diseño/construcción comenzaron a ver que podían pasar dos cosas: bien se estaban saliendo de presupuesto o bien se les echaba encima la fecha de entrega. En vez de decidir qué era lo más apropiado para la seguridad del diseño o la construcción, decidieron tomar como vectores de decisión el coste o la fecha de entrega. Y me imagino a algún responsable diciendo ” Déjalo así. Ya está bien!”

Entiendo que pueden ocurrir circunstancias extremas que, aun haciéndolo bien, ocurran desgracias. Pero sinceramente pienso que no ocurren más desgracias porque no hay más fenómenos extremos. Casos como Japón y su previsión de construcción previendo los terremotos son un ejemplo de lo que digo. O el estado de California en USA.

Sin embargo, en la mayoría de los casos, me temo que alguien pronunció las malditas palabras que titulan la entrada de este blog aludiendo que ya se ha hecho suficiente.

Casos en España no nos faltan de que, una vez ocurrida la desgracia, se investiga un poco (nunca antes de la desgracia por favor!) y se ve que algo se hizo mal y el responsable queda “difuminado” en un mar de “Yo no fui. A mí me lo dijeron.”

Seguro que muchos de los que leáis esta entrada (se cuentan por millones de lectores! :P) pensaréis que soy un desconfiado. Y no, no es así. Bueno sí, sí que es así, pero la confianza es algo que se gana y se pierde con experiencias. No es un brote gratuito de buena voluntad.

La próxima vez que oigáis “Déjalo así que ya está bien” pensad en que de ahí puede nacer una desgracias. Que ocurra o no, es designio de la Naturaleza.

SABER ESTAR

Si tuviera que elegir algo que me gustaría poder hacer sería esto, saber estar.

Me vienen recuerdos de cuando era pequeño y mi madre corregía mi postura de los hombros, de la espalda encorvada o cualquier otra postura inadecuada. Y la recuerdo cuando se chupaba el dedo (HORRORRR!!!!) y atacaba directamente la comisura de mi boca donde celosamente guardaba una porción de Nocilla para recurrir a ella en momentos de necesidad. Ella sabía que no debía almacenar dicho tipo de material en dicho lugar. Menos aún si íbamos a un evento (forma pija para decir realmente “visita”). Mi madre me enseñaba formas de saber estar. El método educativo era simple. Podríamos llamarle “gota malaya”. A costa de repetirlo (con manteca incluída) se me iba quedando. Se nos iba quedando 😉

Y no soy el mejor ejemplo del saber estar. Quizás todo lo contrario. Es muy fácil demostrarlo. Ponme en una fiesta con palmas y flamenco, mírame a la cara y verás cómo refleja lo contrario de “saber estar”.

Y es algo que envidio con profundidad. Saber estar significa realmente pasar desapercibido. Ni en bueno, ni en malo, inadvertido.

La gente, por lo general, tiene es don. Y es algo que me genera confusión. Es correcto no ser uno mismo para integrarte en el grupo? Cuánto hace falta que te integres? Lo suficiente incluso para llegar a anular tu “yo? Supongo que es en ese punto donde no sé cómo posicionarme. Necesito aprender.

La ventaja de esta carencia es que las fuentes de las que puedes absorber conocimiento están por todas partes. La gente sabe estar. Como algo bueno digo, pero no honesto. Tan solo es una opinión.

El equilibrio es lo complicado. Saber cuándo debes adaptarte al entorno, cuándo no y/o cuándo lo puedes hacer a medias.

Trabajaré para conseguirlo aunque mucho me temo que me va a costar un poco 😉

CARIÑO DE BATALLA

Llevo muchos días pensando en cómo nos hace falta a la gente el cariño. Y no hablo de un cariño empalagoso, no. No el de esas parejas que empiezan a salir y que si te los quedas mirando un rato cuando están sentados en un parque, destilan algodón de azúcar por los poros de su piel. No a ese tipo de cariño tan pasional. No. Me refiero al cariño de sentirse querido, apreciado o valorado.

Es el cariño que debemos dar y recibir en el día a día con todos aquellos que nos rodean. Porque la vida es suficientemente quebradiza como para no contar que ese “pegamento” tan contundente como es el cariño.

El cariño es el poso del amor profundo. De la pasión. Del respeto. De la admiración. De la amistad longeva.

Y entono el mea culpa como primer incumplidor de esta e-petición que hago escribiendo esta entrada. Me doy cuenta que cuando me faltan ciertas personas alrededor, entonces siento un sentimiento de no haberles dado el cariño que debía haberles dado cuando podía. No me refiero a gente que haya fallecido, que también. Me refiero a todo aquel del que te separas tan solo dos horas.

Trabajé muchos años en un sector laboral que se centraba mucho en la muerte. Trabajé muchos años para la funeraria. Atendía a familias que habían perdido algún familiar. Como os podéis imaginar, las situaciones eran tristes, muy tristes. Pero si había un denominador común en la mayoría de los casos, éste era que los familiares que quedaban les surgía siempre la duda de si el fallecido se había ido de esta vida con la certeza de que los que le rodeaban le querían. Es como si dudaran si habían hecho lo suficiente para demostrarle el cariño y el amor que le tenían. Y la muerte no siempre llega con mensaje de preaviso. Había muchos fallecimientos accidentales que aumentaban este tipo de duda en los familiares.

Como se suele decir, de todo se aprende. Y yo aprendí muchas cosas en aquel trabajo. Una de las más importantes es el tema sobre el que trata esta entrada. En el cariño del día a día. El que debes comunicar a cada momento. No con palabras, no es necesario. Un mirada, un tono de voz, una caricia, una sonrisa, un guiño, un gesto.. Hay mil formas y todos las conocemos.

No existen grandes motivos por los cuales no podamos hacerlo más que un pudor banal. Vergüenza? Con quien? Con el que quieres? No puede ser. La vida son dos días y hay que pasarlos sonriendo y haciendo sonreír. Todo lo que demos, nos vuelve.

Es, lo que podríamos llamar, el cariño de diario. El cariño de batalla.

 

SABES QUE TE HACES MAYOR CUANDO

– …haces tuya la frase de tu padre “cuando te hagas mayor lo entenderás”

-…un niño o un chico te dice “señor, me puede decir la hora?”

– … rellenas un formulario on-line y tienes que hacer scroll-down en el campo “año de nacimiento”

– … te das cuenta que todos los gallegos de bares y bodegas han sido sustituidos por chinos

– … no tienes ni idea de cuándo utilizar # 0 @

– … piensas de alguien joven “qué sabrás tú!”

– …te empiezan a enviar imágenes sobre artículos-objetos de los años 80 y sonríes

– …pierdes el nombre para pasar a ser “papa de…”

-…un ligero movimiento que antes era solo eso, ahora te causa una pequeña lesión

-…una resaca pasa de ser algo divertido y que comentas con risas a un “joder, nunca más!”

-…atarse los cordones de los zapatos provoca más de un ruidito.

-…las velas de tus pasteles son las mismas pero con el orden invertido

-…te preguntas si te quedará jubilación

-…ves series de dibujos animados que tú veías y te das cuenta que eran horribles y muy mal hechas

-…piensas en que debes cuidarte un poco más

-…te preguntas si deberías cambiar la forma de vestir por si ya desentonas

-…empiezan a meterte en el grupo de riesgo y tienen que hacerte ciertos análisis que antes no te hacían

-…el tiempo que dura una semana te parece un par de días

-…sonríes y aparecen al lado de tus ojos “lineas marcadas”

-…recuerdas el dicho “quien no tiene cabeza, tiene pies” cada vez que te olvidas algo y te fastidia sobremanera. Te insultas

-…hablas del pasado tanto como tu padre o tu suegro

-…empiezas a leer un documento y te das cuenta que estás “achinando” los ojos

-…piensas que no llegarás a ver ciertos inventos que sabes que tienen que llegar

-…incluyes alimentos “ricos en fibra” en tu dieta

-…al meterte un BigMac en la boca aparecen ligeros remordimientos

-…los mosquitos empiezan a elegir sangre más fresca y te libras de noches con picores

-…sales de la ducha y “tiras la toalla” diciendo, “esto ya no se puede arreglar”

-…los dedos de tus pies comienzan a ser tímidos y a esconderse unos debajo de los otros

-…cada día resoplas y suspiras más. Y cuando te preguntan por qué, dices que tú no has suspirado

-…la piel de tus codos te piden a gritos que les eches crema o se pudrirán irremediablemente

-…te das cuenta que todo tiene la misma explicación: “pedazo de hijos de p…”

-…

Porfa, échame una mano a completar esta lista 🙂

 

Gracias de antemano

EQUILIBRIO

Y lo difícil de mantener.

Y no me refiero al equilibrio físico, no. me refiero al equilibrio que hay que mantener siempre en cada momento de tu vida. Y no es fácil mantenerlo porque siempre existe una tentación que te lleva al contrario de lo que debieras.

Es como resumir la lucha entre el “deber” y el “querer”. Tengo una norma y no es otra que hacer primero lo que debo y luego lo que quiero. Bien es cierto que mi objetivo primordial es conseguir que lo que quiero y lo que debo sean lo mismo, pero no siempre se puede conseguir.

Un ejemplo para intentar explicarme. Durante los últimos 3 años de mi vida, he sido muy metódico para mantener una alimentación equilibrada y saludable. Pero al hacerlo, debía rechazar las constantes tentaciones que iba recibiendo cada día de mi vida: unas tapas, un helado, un McDonalds, una costillada… Mi cabeza me decía que lo que debía hacer era rechazar todas esas ideas pero mi instinto me indicaba lo contrario. No os podéis imaginar (o sí :P) lo dura que es esa lucha. Y de forma constante. Más aun cuando tienes una madre que cocina como una artista. Al final, mi lucha ha servido para que coma lo que debo pero, además, coincide con lo que quiero. Es un proceso costoso pero para todos accesible.

Es un solo ejemplo de lo que es la vida. Se repite en cómo dejar de fumar. O cómo mantenerse en forma. O cómo emprender un proyecto. O cómo mantener tus relaciones de amistad o familiares. Todo, absolutamente todo presenta una dualidad entre lo que quieres hacer y lo que debes hacer.

Intento imaginar qué cosas ocurren de esta forma y me sale una larga lista de situaciones en las que se repite. Y al final se relacionan con actitudes. Algunas dualidades que te llevan a la “lucha”:

Hosnesto Vs Ambicioso

Consecuente Vs Conveniente

Lealtad Vs Adecuado

Esfuerzo Vs Comodidad

A veces, cuando veo a una persona obesa por la calle mientras camina con ciertos esfuerzos y fumando pienso “vaya por Dios! Sin duda, han ganados los “quiero” frente a los “debo”. “Quiero fumar” Vs “debo dejarlo”. “Quiero saciarme” Vs “Debo equilibrar mi alimentación”. “Quiero estar sentad@” Vs “Debería hacer ejercicio”

Somos pocos los que leemos este blog, pero estoy convencido que cada uno de nosotros tiene a diario algún tipo de lucha interna en alguno de estos sentidos.

Yo, por ejemplo, lucho cada día con levantarme temprano para hacer deporte. Mi lucha la resumiría en “quiero descansar en la cama” Vs “debo mantenerme en forma”. Es evidente que cada uno tiene un equilibrio y que cada uno se lo gestiona como quiere. Que no hay un pensamiento en este aspecto que sea mejor que el otro. Seguro. Lo que sí es cierto es que paseando por la calle, cada día, veo demasiada gente haciendo lo que quiere en vez de lo que debe.

“Debo recoger las cacas de mi perro” Vs “no creo que nadie me vea ahora no cogerla. Eso que me ahorro”

“Debería ceder el paso a esa bicicleta que está subiendo la cuesta” Vs “lo siento, llego tarde”

“Debo bajar la música para no molestar a mis vecinos” Vs “Cómo mola la música con esta potencia”

“Cuando me ayudan, debo ayudar” Vs “si pudiera lo haría. No es por falta de ganas, pero…”

Mi propuesta: Primero lo que se debe hacer y luego lo que se quiere hacer. No es tan complicado y la sociedad, por lo general, sale ganando. Y please, no te fijes en el que lo hace mal, tu cerebro te engaña para que tu conciencia se consuele. Y no es el camino.

TE MOLA QUE ME MOLE

Que tengo la impresión de que a veces, las cosas, las hacemos porque molan. Y no digo que sea algo mayoritario, todo lo contrario. Uno pierde la noción de saber si algo nos gusta porque nos gustan o bien porque están de moda. O no tanto de moda, sino que mola ser “alternativo”.

Como “alternativo” entiendo minoritario y no como peor. Bueno, a veces sí que es peor y “ellos” no lo saben.

Los estilos, los estilos urbanos, suelen ser estas corrientes que molan o no. Identificarse con ciertos signos nos sociabiliza. No es algo que ocurra en la actualidad. Desde el inicio de la humanidad, hemos intentado siempre sentirnos parte de un grupo. Cuando nos estábamos a gusto en ese grupo, bien buscábamos otro, bien lo creamos. Si soy absolutamente sincero, creo que las religiones salieron así 😉

Sobre lo que nace esta entrada es un pensamiento relativo a corrientes tipo los “gafapastas”, los “setenteros”, los “tatuados”… Sin pretensión de ofender (aunque admito que me daría lo mismo si lo hago), estas tribus urbanas existen porque les mola molar. Les mola que digan que molas.

Y a mí me mola, molar. A cualquiera le mola molar. Nos vestimos y peinamos como creemos que mola. Una minoría no lo practica, pero son eso, minorías. Otra cosa es la forma de molar y los sacrificios que se han de hacer para molar. Si en la cabeza de algunos de los “me gusta molar a cualquier precio” se les ha pasado la idea de “joder cómo duele” o “joder qué vergüenza”, mu malamente. Solo digo eso.

Y qué?, os mola lo que acabo de escribir? Guay! Me mola que os mole 🙂