CUMPLE DE MI TERCER HIJO

Hoy, 16 de Marzo del 2015, cumple años el mayor de mis tres hijos. Se llama ICM y fue el parto más difícil al que he asistido.

El 16 de Marzo del 2015 nació la empresa llamada ICM. Fue fruto de la implicación de 3 personas (Xavier, Andreu y yo) y que, con muchísimo esfuerzo, hemos podido conseguir sacar adelante. Fueron inicios muy complicados. Tanto que Xavier y Andreu se retiraron tan solo pasados 6 meses. Yo, que soy un poco suicida para esta cosas, decidí intentar continuar con un proyecto que me parecía interesante.
Han pasado 10 años y echo la vista atrás para pensar en cuántas locuras he cometido para tirar adelante ICM. Días sin dormir, ingente cantidad de horas seguidas trabajando, alimentación irregular…. Y todo con la paciencia infinita de mi familia.
Ahora todo parece todo normal, parece que las cosas no tengan mérito, parece como que mantener la velocidad de crucero es algo normal. Pero no es así, el mercado es feroz, el mundo económico y financiero es voraz y solo con la cabeza bien fría y con cierto caracter conservador, se puede seguir adelante.
Vamos a celebrar el cumple de ICM como se merece y sin olvidar nunca que, sin las personas más cercanas (las que comparten techo contigo), nada es posible.
Mirad cómo ha crecido ICM haciendo click aquí

CARTA A LOS PADRES

Lo siento. Creo que es los que deberíamos empezar diciendo en una carta a nuestros padres. Y digo carta por la falta de valor implícita que hay en estos casos de sinceridad. El problema de este “lo siento” es que siempre llega tarde. Llega cuando uno mismo experimenta la paternidad y aparecen con tus hijos unos vínculos emocionales que hasta entonces te eran desconocidos. Y es cuando empiezas a comprender el amor de unos padres hacia sus hijos. Nunca antes.

Leí hace un tiempo que existen una explicación genética al amor que unos padres sienten por sus hijos y no al contrario. La naturaleza, en su evolución natural, ha sabido escribir en nuestra genética un mensaje de dependencia hacia nuestros hijos. El motivo es que sabemos que ellos serán nuestro apoyo en nuestra futura vejez. Y el motivo de la no correspondencia es que ellos (los hijos) saben que nuestro sus padres serán una carga en su vejez.

Justificar de una forma tan científica lo que se siente por unos hijos parece insensible. Muchos dirán que es buscar una explicación racional a la emotividad. Y comparto su opinión. Pero las cosas siempre ocurren porque algún motivo. Otra cosa es que sepamos explicarlo. Cuando no lo sabemos, nos agarramos a sentimientos (religiosos o laicos) para justificarlos.

Escribo esta entrada porque he notado esa profunda dependencia del cariño de mis hijas. Y la comparo con lo que siento por mis padres y la diferencia es abismal. El saldo al final es muy negativo para mis padres. No es inexistente, simplemente que queda en proporción ridícula cuando comparo mi sentimiento hacia mis hijas. Y es la parte injusta de esta entrada y el motivo por el cual todo hijo que se haya convertido en padre debe pedir disculpas a sus padres. Porque es en el momento de tu paternidad cuando visualizas la poca correspondencia que le has dado a tus padres en el caso de que éstos hayan sentido lo mismo que tú ahora sientes por tus hijos.

Sé que a muchos les dará a pensar mis palabras que yo no quiero a mis padres. Todo lo contrario. De lo que hablo, y me disgusta, es que he descubierto que los padres aportan mucho más a una relación sentimental con sus hijos que éstos a sus progenitores. Y me hace pensar que no estuve a la altura en muchas de las conversaciones que tuvimos, o de los gestos que realicé o de las actitudes que tomé. Y solo fue por mi falta de visión de qué ocurría en sus interiores. Me equivoqué. Nos equivocamos. Nos equivocaremos. Y por ello debemos pedir disculpas.

Eso sí, reclamar que tus hijos te adoren como tú les adoras a ellos es una labor perdida. Creo que no va a poder ser. Y es ahora que me sabe mal. Ahora que me doy cuenta que soy la parte generosa de la relación pero que evidencia que antes, era la parte egoísta con mis padres.

Lo dicho, lo siento. Lo siento profundamente. Espero ponerle remedio. Eso sí, si la genética me lo permite 😉

TE MOLA QUE ME MOLE

Que tengo la impresión de que a veces, las cosas, las hacemos porque molan. Y no digo que sea algo mayoritario, todo lo contrario. Uno pierde la noción de saber si algo nos gusta porque nos gustan o bien porque están de moda. O no tanto de moda, sino que mola ser “alternativo”.

Como “alternativo” entiendo minoritario y no como peor. Bueno, a veces sí que es peor y “ellos” no lo saben.

Los estilos, los estilos urbanos, suelen ser estas corrientes que molan o no. Identificarse con ciertos signos nos sociabiliza. No es algo que ocurra en la actualidad. Desde el inicio de la humanidad, hemos intentado siempre sentirnos parte de un grupo. Cuando nos estábamos a gusto en ese grupo, bien buscábamos otro, bien lo creamos. Si soy absolutamente sincero, creo que las religiones salieron así 😉

Sobre lo que nace esta entrada es un pensamiento relativo a corrientes tipo los “gafapastas”, los “setenteros”, los “tatuados”… Sin pretensión de ofender (aunque admito que me daría lo mismo si lo hago), estas tribus urbanas existen porque les mola molar. Les mola que digan que molas.

Y a mí me mola, molar. A cualquiera le mola molar. Nos vestimos y peinamos como creemos que mola. Una minoría no lo practica, pero son eso, minorías. Otra cosa es la forma de molar y los sacrificios que se han de hacer para molar. Si en la cabeza de algunos de los “me gusta molar a cualquier precio” se les ha pasado la idea de “joder cómo duele” o “joder qué vergüenza”, mu malamente. Solo digo eso.

Y qué?, os mola lo que acabo de escribir? Guay! Me mola que os mole 🙂