¿COMPARADO CON QUÉ?

“Somos el segundo país más longevo del mundo”. “Somos la octava economía del mundo” (bueno, antes se ve que sí). “Somos el séptimo país en corrupción del mundo”…

No es fácil cuantificar un concepto en valores absolutos si no lo pones en referencia a algo. Y esto ocurre con mucha frecuencia. Quizás demasiada. Es difícil explicar una cualidad fuera de un contexto de comparación. Digamos que sirve para ilustrar mejor la idea que se intenta explicar.

Lo que ocurre con esto lo mismo que con los refranes, que encuentras siempre un  contrario. Al refrán “A quien madruga, Dios le ayuda” se le opone el “No por mucho madrugar, amanece más temprano”. No digo que todos sus refranes tengas su contrario. Lo que digo es que los datos y las opiniones siempre encuentran un contrario que lo rebate. Es la función más perversa del lenguaje. El lenguaje sirve para explicar cualquier cosas desde el prisma que uno desee. Y lo sabe hacer de una forma convincente porque nos da herramientas.

Las comparaciones son como el lenguaje, siempre hay una comparativa que nos irá bien para potenciar la idea que queremos transmitir. Pero, como los refranes, también tendrán su contrario.

Cuando escuchas debates de gente con muchísimos conocimientos (estadistas, sociólogos, economistas, historiadores….) ves que, al final, todos tienen razón porque todos encuentran el dato histórico que defiende su argumento. Lo preocupante de esta situación es cuando sueltan el dato y nadie lo comprueba. Es un “ahí queda”. Un “Critica que algo queda”. No olvidéis nunca de intentar comprobar todas los datos que muchos personajes sueltan en debates, veréis la cantidad de mentiras (o verdades sesgadas) que se sueltan.

Y uno acaba por perderse. Por no fiarse. Por no tener un pilar de conocimiento sobre el que apoyarse. Todo es relativo y depende con qué lo compares. No hay verdad, solo un valor que pondera nuestro argumento.

Mira, no sé, seremos más confiados. O no! Comparado con qué?

Deja un comentario