PODREDUMBRE

Dos amigos tomando un café en un bar. Uno le comenta al otro una situación curiosa que le ocurrió el otro día:

“- El martes fui al Carrefour y me pasó una cosa curiosa. Después de una compra grande, dejé en los pies del carro una caja de 12 tetrabricks de leche. Siempre la pongo ahí porque gano espacio en el carro de la compra. Al pasar por caja, descargo todo el carro pero, al salir de haber pagado, me doy cuenta de que no he puesto en el mostrador para cobrar el pack de la leche. Se me había olvidado y la cajera no se dio cuenta.

– Pues muy bien! Que se jodan! Ya ganan suficiente dinero estos supermercados!

– Bueno, la verdad es que me dio cargo de conciencia y volví para atrás para comentarle a la cajera que se me había olvidado de mostrar la caja de leche. La cajera me lo agradeció.

– Tú eres gilipollas! Vamos! A quién se le ocurre? Que le hubieran dado por culo! Es culpa de ellos por no mirarlo no? Pues que les den! Anda que….”

Con esta conversación, que es real y que la he tenido con bastante gente un poco por poner a prueba una mini-estadística de lo que me rodea, podemos ver reflejado el carácter de la sociedad española. Es la sociedad que está acostumbrada a impartir justicia bajo un criterio único: el nuestro. Es decir, que en España hay como 47 millones de criterios de justicia únicos. Y la justificación para que ocurra esto es que nos hemos acostumbrado a pensar que normalmente me roban y que en cuantito tenga yo una oportunidad, que lo haga también yo.

Y es el pez que se muerde la cola. La presunción de culpabilidad endémica de nuestra sociedad hacer que todo quede pervertido y de que nos queden pocas posibilidades para salir de esta podredumbre generalizada.

Una lástima. Una verdadera lástima que no podamos hacer un “reset” en alguna generación reciente para que zanjemos esta situación tan deprimente de una vez por todas.

Y la solución está en cada uno de nosotros. Y pasa porque pensemos que el que tenemos en frente no nos está robando. Y que si lo hace, lo pagará.

Yo no pierdo la esperanza. Eso sí, cada vez que queda menos 🙁

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