CARIÑO DE BATALLA

Llevo muchos días pensando en cómo nos hace falta a la gente el cariño. Y no hablo de un cariño empalagoso, no. No el de esas parejas que empiezan a salir y que si te los quedas mirando un rato cuando están sentados en un parque, destilan algodón de azúcar por los poros de su piel. No a ese tipo de cariño tan pasional. No. Me refiero al cariño de sentirse querido, apreciado o valorado.

Es el cariño que debemos dar y recibir en el día a día con todos aquellos que nos rodean. Porque la vida es suficientemente quebradiza como para no contar que ese “pegamento” tan contundente como es el cariño.

El cariño es el poso del amor profundo. De la pasión. Del respeto. De la admiración. De la amistad longeva.

Y entono el mea culpa como primer incumplidor de esta e-petición que hago escribiendo esta entrada. Me doy cuenta que cuando me faltan ciertas personas alrededor, entonces siento un sentimiento de no haberles dado el cariño que debía haberles dado cuando podía. No me refiero a gente que haya fallecido, que también. Me refiero a todo aquel del que te separas tan solo dos horas.

Trabajé muchos años en un sector laboral que se centraba mucho en la muerte. Trabajé muchos años para la funeraria. Atendía a familias que habían perdido algún familiar. Como os podéis imaginar, las situaciones eran tristes, muy tristes. Pero si había un denominador común en la mayoría de los casos, éste era que los familiares que quedaban les surgía siempre la duda de si el fallecido se había ido de esta vida con la certeza de que los que le rodeaban le querían. Es como si dudaran si habían hecho lo suficiente para demostrarle el cariño y el amor que le tenían. Y la muerte no siempre llega con mensaje de preaviso. Había muchos fallecimientos accidentales que aumentaban este tipo de duda en los familiares.

Como se suele decir, de todo se aprende. Y yo aprendí muchas cosas en aquel trabajo. Una de las más importantes es el tema sobre el que trata esta entrada. En el cariño del día a día. El que debes comunicar a cada momento. No con palabras, no es necesario. Un mirada, un tono de voz, una caricia, una sonrisa, un guiño, un gesto.. Hay mil formas y todos las conocemos.

No existen grandes motivos por los cuales no podamos hacerlo más que un pudor banal. Vergüenza? Con quien? Con el que quieres? No puede ser. La vida son dos días y hay que pasarlos sonriendo y haciendo sonreír. Todo lo que demos, nos vuelve.

Es, lo que podríamos llamar, el cariño de diario. El cariño de batalla.

 

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