TODO POR LA AUDIENCIA

Me estaré volviendo mayor? Rancio? de derechas? No sé exactamente qué es pero es evidente que algo está cambiando dentro de mí. Como os digo, no sé exactamente qué es pero mis vísceras cada día se revuelven con mayor facilidad. Creo que debe ser algo parecido a la “intolerancia”. Cosas que antes me daban lo mismo, ahora me provocan rechazo absoluto. Repugnancia. De hecho despierta el “fascista” que llevo dentro y que, con argumentos y razones, suelo calmar y se queda ahí, satisfecho con la explicación racional. Pero hay cosas que no sé explicarle a “mi otro yo”. Y claro, él se revela como “animal instintivo y visceral” que es. Cada día escucho la radio durante el trabajo. Me gusta. Pero como no soy el único que está en mi oficina, no puedo seleccionar un dial del estilo “coloquio”. También porque atender a llamadas y escribir mails me impiden atender de forma adecuada a los argumentos que esgrime cada participante. Como sustitutivo (malo) escuchamos los 40 principales y más en concreto el programa “Anda ya!” Aquí es donde empieza mi reflexión de esta entrada

Qué es lo que me enerva?Os explico cómo funciona una sección del programa. Digamos que es una prueba de fidelidad. Llama una chica (de la radio) a un chico (el “pringao”) para decirle que quiere quedar con él y que a ver si se enrollan y esas cosas. Claro, la broma la hace la novia del “pringao” para ver si su chico muerde el señuelo. ¿CÓMO NO VA A CAER? Se juntan todos los factores posibles para que esto ocurra: es un hombre, la que llama pone voz de guarra, si el tío se resiste ella se transforma en “zorrona”. 2+2=4.

La sensación que tiene la audiencia es sencilla. Todo el mundo pica. Todos los tíos pican. Y contra eso quiero luchar. ¿Cuántas llamadas han debido hacer sin obtener el resultado? Muchas, pero ponerlas en antena no tiene gracias. Resultado, todos los tíos somos unos promiscuos. Que sí, que es verdad, ¿hace falta hacer leña del árbol caído? ¿no podrían hablar en esa franja de tiempo que ocupan de las rocas metamórficas?

“Semos” simple, ¿qué pasa?

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