MADRE

A la vuelta de vacaciones me he visto obligado a dedicar una entrada en este blog a las madres (bueno, yo a la mía). Tal como indiqué en la entrada dedicada a las vacaciones las opciones de veranear se basaban en ir “al pueblo” o irte por tu cuenta pagando un pastarracón. Bien, mi opción ha sido la de ir “al pueblo” donde el Hostal Royal Manzanares (es decir, la casa de mis padres) está regentada por la mujer más eficiente y predispuesta que he conocido en el mundo: mi MADRE (permitidme que lo ponga en mayúsculas. Comparativamente mi MADRE tiene mucho más valor que Jesucristo y éste comienza ya por una mayúscula. Mi MADRE no podía ser menos :P)
Sin duda, la entrega de una madre no tiene comparación ni con el mejor de los servicios del mejor de los hoteles del mejor país turístico que se te pueda ocurrir. Tajante, pero cierto. En algunos momentos tenía la idea errónea de que parecía que era una persona contratada para hacernos las estancia lo más agradable posible. Y no. No era así. Salía de su interior. Incansable. Altruista. Detallista. Complaciente. Los calificativos serían interminables. Bien es cierto, y para no pecar de “empalagoso”, que tiene el puntito negativo necesario para que no acabe siendo “odioso” y es que hace de uno (en este caso yo aunque creo que lo podría hacer extensivo a todos los que hemos compartido el espacio/tiempo del lugar donde hemos ido a “veranear”) un verdadero vago y líder de uno de los pecados capitales más inevitables: La pereza.
Desde aquí (aunque ya lo he hecho en persona) no puedo más que agradecer todo lo que mi mujer preferida (compitiendo con mis 3 princesas, claro está) ha hecho por mí y por todos los que estábamos con ella.
La Madres! Son la leche! ¿No os lo parece? Van un paso por delante. Nos conocen como nadie. Recuerdo que mi MADRE con la mirada sacaba de mí hasta la última verdad más escondida. Cuando pasaba por uno de sus “interrogatorios” en los que solo pretendía ver el status de mi vida de crápula, se quedaba mirándome fijamente. Buscando en mi impertérrito semblante un leve indicio de mentira. Yo, conocedor de esta “técnica policial”, intentaba mantener el tipo pero, sin saberlo, acababa confesando las borracheras que había tenido, los porros que me había fumado y las mujeres a las que había intentado conquistar (sin éxito, claro. Pero ella ya lo sabía. No hacía falta intentar “farolear” un dato humillantemente infalseable)
Insisto, están hechas de otra pasta. La entrega por los suyos no es comparable. Bien es cierto, y quiero pensar, que la figura paternal cada día aporta mejor relación en cuanto a términos fraternales se refiere, pero sigue sin estar a la altura de las Madres. En mi infancia, mis padres eran comparables a la figura del Estado. ¿Por qué? Entre los dos, albergaban los 3 poderes de un Estado. Mi MADRE hacía la función Legislativa y Ejecutiva. Mi padre, la militar. Bueno, la legislativa se iba alternando dependiendo del momento del día y/o del día de la semana. Las normas no eran las misma si mi MADRE estaba sola que si mi padre estaba presente. Digamos que mi MADRE descansaba 😉 Supongo que sabéis de qué hablo.
Por última vez. Es un lujo que pasa de generación en generación. La Madres son las que sostienes este país. No os quepa duda. Quien tiene una Madre sabe a qué me refiero. Y los que, por desgracia la han perdido, sin duda saben mucho mejor que el resto a qué me refiero. Ojalá nos duraran para siempre pero, como no es así, agradecedle todo lo que podáis que luego puede ser tarde y viene el momento del arrepentimiento que, con absoluta franqueza, ya no sirve para nada.
MAMÁ, muchos besos y muchas gracias!!!!

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