QUE NO ESTAMOS TAN MAL HOMBRE!

Aprovecho estas famosas palabras de un presidente de futbol para hacer esta nueva entrada en el blog. Sabéis que siempre soy algo crítico con las actitudes de mis “compatriotas”. Lo pienso y lo seguiré pensando. La cultura del menos esfuerzo, máximo beneficio y máxima queja está impuesta en nuestra forma de pensar. Eso es innegable.

Lo que vengo a contar hoy es una experiencia que puede parecer enfrentada a este pensamiento general y está basada en mi paso por urgencias de un hospital público español. Por recomendación de mi doctora de cabecera fui a urgencia a que me hicieran una pruebas que sino tardarían muuuucho tiempo y no era cuestión de dejarlo pasar. Bien. Estuve casi 7 horas en urgencias. Para mi asombro, no me enfadé. Solo me cansé. Por qué si eso crispa a cualquiera? Más aún a mí! Por qué leches no me enfadé?

Porque en tan solo 7 horas me pude dar cuenta de dos cosas: la facilidad con la que podemos saturar los ciudadanos los servicios “públicos” y la inmensa inversión que tiene que realizar el estado para cubrir la necesidad de un buen diagnóstico.

La verdad es que cuando uno llega a urgencias lo primero que piensa es “Madre mía lo que voy a tener que pasar aquí de rato” y cuando sale piensa “Bueno, al menos no es nada”. Entre estas dos frases han pasado varias horas y una inversión en tiempo de profesionales y en maquinaria bestial! Qué pedazo de máquinas que ví! Qué cantidad de personal manejándolas con qué soltura!

Resumiendo, que debemos de empezar a pensar dos cosas:

– Tenemos una sanidad que debería ser la envidia de cualquier país del mundo. Y lo es. Afortunadamente para la gente que vivimos en este país y que tanto nos quejamos, disponemos de un servicios sanitario público IMPRESIONANTE

– Debemos entender que para que siga siéndolo, debemos hacer un uso razonable del mismo. Asumir que los únicos culpables de las horas de espera somos nosotros mismos y pensar en respetar a los profesionales que nos cuidan.

Excepciones a lo que diga, habrán. Pero excepciones, simple excepciones.

2 opiniones en “QUE NO ESTAMOS TAN MAL HOMBRE!”

  1. Eras un hombre de poca fe.
    No es el único servicio público del que podemos estar orgullosos.
    Como diría el Gran Luisma: Doy fe ( como soy un notario)

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