DICEN…

¡Cuántas teorías se han basado en este inicio de frases! Existen numerosas variaciones aunque ninguna tiene una solidez contrastable. De entre muchas variables, las más populares son: “Me han dicho..” o “Leí el otro día…” o “un tío que sabe del tema..” o las dos más incómoda para mi punto de vista: “Está comprobado que…” o “Existen pruebas de que…”

Desde que existe Internet y, más en concreto el correo electrónico, todos hemos sido “víctimas” de la invasión de rumores. Algunos son incluso graciosos por lo absurdo. Otros inapropiados por lo cruel de la información. Pero todos ellos tienen un denominador común: en todos acaban apareciendo frases del tipo “dicen…”

Todos sabemos que 9 de cada 10 frases que empiezan por este tipo de expresión, acaban siendo mentira o, al menos, inexacto. Sin embargo, tenemos una capacidad de propagación (reenvío) bestial. Oye, que es llegarte uno de estos rumores al oído y ya te falta tiempo para explicárselo al más cercano.

¿Existe un origen científico para que demos por buenos estos rumores? A nivel mundial no lo sé, aunque me temo que va a ser igual, pero a nivel español, el argumento científico está claro: somo una cotillas! Un sinónimo que siempre me ha gustado es “chinchorrero”. Su procedencia semántica me importa un bledo, pero da la sensación de dajrnos a la altura del betún a todos los cotillas. Y me incluyo 😉

Un “chismorreo” triunfa por diferentes motivos. Por lo absurdo, por lo cruel, por lo fantástico, por lo increible. Todos tenemos la sensación que va a anirmar nuestras conversaciones (también las del café a las doce) un ratico y de forma divertida.

Como no voy a descubrir nada nuevo del “dicen…” no me alargo más. Simplemente un consejo (auto-consejo, también):

De lo que os cuente, creeros la mitad. Y la otra mitad, ponedla en cuarentena. Un esfuerzo venga!

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