CONTRA CORRIENTE

O, lo que podría ser lo mismo, “predicar en el desierto”. Nadar contra corriente es como me siento en los últimos años. Pero no quisiera que esta situación recordara a aquel chiste en el que un conductor pone la radio y escucha en la radio que hay un conductor suicida conduciendo en sentido contrario en la misma autopista que por la que él va. De repente dice “Uno no! MUCHOS!!!!”. Intentaré argumentar porqué, aún nadando a corriendo, no me siento que me método no es ortodoxo.

Me preocupa tener que tomar decisiones que siempre van en contra de lo que se espera de mí. Pero me enoja pensar que, lo que se espera de mí, va más con la falta de criterio y un vulgar “déjate llevar” que no con un argumento racional y bien argumentado. Para mi no es suficiente el argumento “es lo que hace todo el mundo”.

Y si en algún periodo de mi vida se da más veces la situación de sentirme que nado contra corriente, ese periodo es la época estival. Creo que es la época más cargada de tópicos que se repiten hasta la saciedad y que, salvo excepciones como la época navideña, no tiene comparación en ninguna época del año.

En la época estival tienes que:

  • Viajar. Darte la mayor paliza del mundo. Lejos. Cuanto más lejos, mejor. No hace falta que te pueda venir de gusto. Debes hacerlo.
  • Tostarte al sol. Aprovechar siempre las opciones que nos da el sol para poner a la parrilla nuestra cada día más desvalida piel. Sino te dirán, “Coño, cómo estás tan blanco?”
  • Vivir la noche con intensidad. Si sales, lo tienes que petar.
  • Beber el mejor mojito. No sabes por qué pero siempre hay alguien que te dice “Tú quieres tomar un mojito de verdad?”. El que te habías tomado era de mentira.
  • Si vas al pueblo, tienes que volver con los productos autóctonos. Imposible encontrar esa calidad en la mierda de mercado que tienes al lado de tu residencia habitual.
  • Comer y beber como si no hubiera un mañana. Ya están los septiembre/lunes para arreglarlo a la vuelta.
  • ….

Y todos los puntos anteriores son de fácil explicación (desde mi punto de vista, obviamente) porque yo en vacaciones quiero descansar. Hacer mi vida normal, disfrutar de los míos (qué importa dónde!), respetar los horarios y las dietas del resto del año, si éste ha estado dentro de la normalidad y del sentido común, y disfrutar del tiempo que no tienes el resto del año pero a ritmo lento, sin prisas ni relojes. Tan descabellado parece?

Entramos también, en esto de nadar contra corriente, en el mundo profesional. Me irrita sobremanera que el mercado no entienda con certeza lo necesaria que es la honestidad. Ser honesto es fundamental para poder ser eficiente. Las mentiras, engaños o triquiñuelas al que nos sometemos en el mercado español (consuela pensar que no seamos el único país en el que pasa. Consuelo de tontos, lo sé), están a la orden del día. Es difícil encontrarte con alguien que te diga “oye, me he equivocado. Y como me he equivocado, asumo las consecuencias”. IMPOSIBLE, son todo gatos que caen siempre sobre las patas. Ya puedes arrinconarlos con datos y hechos que jamás, por el miedo a las consecuencias, reconocerán haberse equivocado. Qué fácil sería ser honestos. Seríamos un país idílico. Apetecible para hacer negocio. Al menos, tenemos ejemplos de grandes empresas en que la honestidad es su visión y su misión: Pepephone, BQ, Yoigo… y poco más.

Sin embargo, lo que más me cuesta de todo es cuando mi forma de actuar va en contra de la “norma general” en cuanto a cómo quiero educar a mis hijas. En este punto, debo reconocer, mi guerra está prácticamente perdida. No renuncio a poder obtener alguna victoria en alguna de las batalla que comporta esta guerra con lo “común”, pero como resultado general, empiezo a intuir una deshonrosa derrota.

En lo que se refiere a cómo intento educar a mis hijas, mis batallas perdidas son muy claras:

  • Difícil conseguir racionalizar el uso de aparatos electrónicos cuando la sociedad está inmersa en un uso hiperintensivo
  • En relación con el punto anterior, difícil controlar cuándo y cuánto adquirir y usar la telefonía móvil. Nada ayuda, la verdad. Sus amigos, los padres de éstos, familiares, hábitos generales de la sociedad…
  • Difícil insistir a que no entren a discutir, ni a pelearse, ni a ser soeces…. tienen las de perder. Nuestros hijos no están sometidos al estricto control de sus padres. No hay un criterio único, pero frases como “no te dejes mandar” o “si te pegan tú le das el doble” sobre frases que intuyo que se usan con demasiada frecuencia en la intimidad del núcleo familiar. Una pena.
  • Controlar el contenido televisivo que se consume o hacer caso a las recomendaciones PEGI que los propios canales indican. Difícil impedir que vean un contenido que todos los de su clase ven. ¿Qué argumento puedes usar contra el “es que todos lo ven!”?

 

Y todo que me reconozco perdedor, y que me supone tener una estado de lucha latente con mis hijas, con mi entorno e, incluso, con mis familiares, creo que no voy a dejar que esta guerra concluya todavía. La esperanza es lo último que se pierde y, hace poco, en una conversación profesional con un hombre mucho más inteligente que los que estamos en la media, me dijo que su lucha por los hijos había sido muy, muy exigente en cuanto a voluntad, pero el resultado solo lo puedes ver pasados muchos años. Una frase que suelo decir yo es que la vida (y su formación) es una carrera de muy largo recorrido y que los resultados nunca son inmediatos. Hay que generar hábitos, costumbre y normas de educación que, en un futuro medio-largo, suponga un beneficio para tus hijos. En ello estamos, pese a todo, y con esperanzas de sacar ni que sea algo de provecho.

A la guerra!!!!

GASTAR COMO RESPONSABILIDAD

Supongo que la frase puede parece mal escrita y que la correcta debería ser “gastar con responsabilidad” pero no, el título de esta entrada es correcto.

Dejadme que eche un poco para atrás en la historia. Dejadme que intente pensar de dónde viene el concepto “sueldo” o “salario”. Lo que voy a expresar es más una teoría que no una certeza por lo que ruego no hagáis una análisis muy crítico de la misma.
Hacemos bastantes años que nuestra forma de intercambiar bienes y/o servicios era por un simple trueque. El trueque consistía en cambiar productos o servicio por parte de una persona o familia con otra persona o familia a cambio de que ésta última nos aporte a nosotros un producto o servicio que nosotros necesitáramos. Un ejemplo, si a nosotros nos sobraba trigo de la cosecha, el sobrante lo cambiábamos por servicios de herrería. De esta forma, el herrero podía disponer de trigo sin cultivarlo y el agricultor tener a sus animales herrados.
La gente se espabilaba para negociar qué cantidad de producto o servicio equivalía a lo que tú necesitabas. Imagino que era una negociación continua y que, más tarde o más temprano, se establecieron algunos standards que fueron evolucionando. Lo que seguro no tenía sentido era el ahorro. Y no lo tenía porque se vivía de forma estacional, porque no había métodos de conservación y/o porque los productos eran en su mayoría perecederos. Entendemos que la gente podría conservar ciertos productos con una cierta duración pero que serían los mínimos posibles. El resto, se debía gastar en cosas que fueran necesitando.
Ocurrieron situaciones específicas que comenzaron a cambiar esta situación:
– La modernización y/o industrialización
– El crecimiento demográfico
– La transformación de pueblos a ciudades y/o a núcleos más complejos
– La consecuente sobreproducción
– Aparición de la moneda (o unidad de cuenta)
Llegó un momento que éramos muchos, producíamos mucho y su distribución y almacenamiento era difícil. Igual teníamos 100 Kg de Arroz pero solo necesitabas 50 Kg para intercambiar para que te dieran lo que necesitabas. El sobrante se dedicaba a coger compromisos futuros para que si tu producción en el futuro fallaba o bien si necesitabas algo más, pudieras tener el compromiso de otros hacia tí. Aparecieron las unidades de cuenta. Algo así como un valor de referencia que servía para una región y que todos entendían. De nuevo como ejemplo, un Kg de harina se podría convertir en una unidad de cuenta. Una vaca podía costar 50 Kg de harina. Una carromato, 200 Kg de harina. Qué hacías si tenías excedente de harina pero no necesitabas nada. Lo entregabas a alguien y le decías “tengo tu compromiso de que en el futuro, si necesito algo que cuesta 20 Kg de harina, que conste que ya te los he entregado”. Ésto, que en un inicio parecía práctico, con el aumento de población y de producción se fue complicando. Para solucionarlo apareció el concepto de moneda. La moneda era un valor referenciado a un metal con una forma y un peso. Habían de diferentes tamaños y pesos que tenían, por tanto, diferentes valores. La gente pasó a entregar sus productos o servicios a cambio de “unidades de cuenta” o monedas. Fruto de la naturaleza humana (ambiciosa y egoísta) la gente comenzó a entender que, por mucho que produjera, siempre tenía la opción de entregarlo a cambio de monedas. Que esas monedas finales no tenían el problema del almacenamiento ni la caducidad que los productos con los que antes comerciaban.
Y empezó la economía inflacionista. Una pena.
Comenzamos a crecer. Cada día éramos más. Cada día producíamos más. Cada día consumíamos más. Cada día generábamos más monedas. Cada día teníamos más dinero. Con muchas salvedades, la sociedad comenzó a evolucionar. Los listos, espabilados y/o delincuentes comenzaron a destacar sobre el resto. Destacar significaba, tener más que el otro. Ver cómo generar más dinero. Se crearon las clases sociales (ya existentes desde el pasado pero en dos simples capas: nobles y plebeyos) y se creo un ambiente de competencia aspiracional en la que todo el mundo quería saltar de escalón, dejar atrás la vida miserable o sacrificada para convertirse en poseedor de más dinero.
En este punto aparecieron los bancos. Inicialmente para dar seguridad al dinero, en vez de tenerlo en casa, mejor tenerlo en un sitio donde tenían medidas de seguridad. El banco lo que hacía para rentabilizar su inversión en seguridad cobraba un % del total del dinero que el cliente depositaba. Y con ésto, empezó el concepto AHORRO. Los bancos aprovechaban los ahorros de sus clientes para luego prestar dinero a otros que se endeudaban. De ahí, sacaban mayor margen de beneficio. Un círculo vicioso que ha llegado hasta nuestros días. Una pena.
El ahorro ha sido la perdición de nuestra sociedad. El ahorro como concepto de beneficio, digo. Pasamos de una forma muy gradual y silenciosa del trueque al dinero.
Con la modernización y la industrialización, pasamos de ser productores internos (producíamos para nosotros y para nuestras familias) a ser productores por cuenta ajena. Las nuevas actividades y las nuevas fábricas cambiaron nuestro concepto del trueque para conseguir lo que necesitábamos, al dinero de una nómina pagada a cambio de unas horas de dedicación en la producción de una fábrica. El dinero que nos daban como salario, lo metíamos en un banco (seguridad) y lo íbamos usando según necesitábamos. Esto fue un cambio que, todo y que llego de forma muy gradual, supuso un cambio radical en el concepto que teníamos de las necesidades de subsistencia.
Habíamos pasado del trueque a la nómina. Habíamos pasado de producir para subsistir, a trabajar para aspirar al siguiente estrato social. Una pena.
Y ¿en qué situación nos encontramos ahora? Pues desde mi humilde opinión, estamos bajo un concepto de ahorro mal entendida. Los ciclos económicos malos (crisis) han hecho mella en nuestra conciencia y eso hace que ahorremos. El concepto ahorrar ligado a futuros malos. A los “por si acasos”. A intentar cubrir una necesidad futura que, a lo mejor, no podemos cubrir con nuestros salarios. Mal.
Winston Churchill dijo algo así como: “que un Estado ahorre es bueno, que ahorre la población es un desastre”. Lo que entiendo que quería decir es que el Estado no puede despilfarrar el dinero que gestiona en sus arcas. Debe hacer un gasto justo y proporcional a sus ingresos, sin pasarse. Pero ¿qué ocurre si la población ahorra? Pues si la gente se obsesiona con el ahorro y no gasta, una nación se va al traste. Y tiene su lógica. Si yo no consumo bienes, las empresas que los fabrican, dejan de fabricar porque no los venden. Si no los fabrican, no necesitan trabajadores. Si los trabajadores no tienen ingresos, dejan de consumir más, si aún cabe. Y entraríamos en un círculo vicioso del cual es muy difícil de salir.
Mi teoría sobre el gastar es muy básica y loca, lo sé. Deberíamos pensar en ganar el dinero que necesitamos para vivir. Si ganamos más de lo que necesitamos para vivir solo tenemos dos explicaciones: ganamos demasiado o trabajamos demasiado. ¿Podríamos trabajar menos para ganar menos y vivir igual? Creo que sí. El único problema de esta opción es que iríamos contra un pensamiento muy endémico (al menos en nuestro país), que es el del ahorro. Pero, pensando en un pequeño ahorro (mínimo ya que hay bancos que se dedican a proveer dinero a cambio de una módica cantidad), el resto del dinero que ganamos se ha de gastar. Si no necesitas gastar en más cosas, mi consejo sería que dejaras de trabajar unas horas. De esta forma, encontrarás un equilibrio entre lo que ganas y lo que vives para tí. Quizás nos hemos obsesionado en tener un coche más grande, una casa más grande, más dinero en el banco. Y todo ¿para qué? Para acabar muriendo. Si necesitas algo, te lo compras, si no necesitas nada más, vive la vida.
Acabo confesando que esta teoría me gustaría cumplirla a mí y no lo consigo. Eso sí, no dejaré de intentarlo.

CUMPLE DE MI TERCER HIJO

Hoy, 16 de Marzo del 2015, cumple años el mayor de mis tres hijos. Se llama ICM y fue el parto más difícil al que he asistido.

El 16 de Marzo del 2015 nació la empresa llamada ICM. Fue fruto de la implicación de 3 personas (Xavier, Andreu y yo) y que, con muchísimo esfuerzo, hemos podido conseguir sacar adelante. Fueron inicios muy complicados. Tanto que Xavier y Andreu se retiraron tan solo pasados 6 meses. Yo, que soy un poco suicida para esta cosas, decidí intentar continuar con un proyecto que me parecía interesante.
Han pasado 10 años y echo la vista atrás para pensar en cuántas locuras he cometido para tirar adelante ICM. Días sin dormir, ingente cantidad de horas seguidas trabajando, alimentación irregular…. Y todo con la paciencia infinita de mi familia.
Ahora todo parece todo normal, parece que las cosas no tengan mérito, parece como que mantener la velocidad de crucero es algo normal. Pero no es así, el mercado es feroz, el mundo económico y financiero es voraz y solo con la cabeza bien fría y con cierto caracter conservador, se puede seguir adelante.
Vamos a celebrar el cumple de ICM como se merece y sin olvidar nunca que, sin las personas más cercanas (las que comparten techo contigo), nada es posible.
Mirad cómo ha crecido ICM haciendo click aquí

DEMOCRACIA Y BIG DATA

A raiz de un artículo que ley de una asociación de usuarios que luchaban conjuntamente por su “Derecho al olvido” se me ocurrió pensar en cómo funcionaba Internet y qué razón tenían de reclamar algo que parece tan íntimo. Tanto, que creo que los demás no nos damos suficiente cuenta. O sí.

Si de algo no hay duda es que Internet ha democratizado muchos aspectos de nuestra vida. Igual demasiados. No entraremos a discutir quién tiene derecho de qué y de cómo. Lo que está claro es que existe una gran mayoria de usuarios que, cuando accedemos a algún servicios, nos da lo mismo cuáles son las condiciones en las que se dan. Vamos, que no leemos las condiciones contractuales que siempre existes. Ah! Qué mas da! “Siguiente”, “Siguiente” y listo.

Internet ha democratizado básicamente la información. Está por todas partes. Lo primero que haces cuando alguien te comenta algún tema es “googlear”. Confías en “San Google” para encontrar todo lo que necesitas en todo momento. Eso sí, lo mío no. Lo mío que se quede en el más absoluta discreción. Y si, por casualidad me he excedido en ofrecer al mundo información íntima, que la borren porfa que va contra mi intimidad.

Bueno, vale. Que se haga. Creo que es verdad que es un Derecho.

De lo que realmente quiero tratar aquí es de los que no queremos que se ejerza nuestro Derecho al olvido. Y no lo hacemos porque creo, en cierta medida, que queremos dejar un legado digital.

En qué se basa nuestra existencia? En perpetuarnos. La descendencia es el medio para conseguir el objetivo. Perpetuar nuestra información genética. Y digitalmente? Ahora tenemos esta opción. Ahora tenemos la opción de conseguir que, una vez hayamos dejado este mundo, la gente podrá ver qué dijimos, dónde estuvimos, con quién nos relacionamos, qué nos gustaba. Es decir, vamos a dejar un legado de información que antes, sin era digital, no era para nada posible. Para mí es una ventaja. Lo es porque ahora ya no tiene porqué ser recordado el lider, el famoso, el popular, el histórico. Ahora, cualquiera puede ser “investigado” y averiguar muchas cosas sobre él.

Eso sí, tenemos una objeción, toda la información será usada por todos aquellos que tengan cierto interés comercial sobre nosotros y nuestro entorno. De hecho, y es un concepto que ya habéis debido escuchar, Big Data se basa en estudiar y entrelazar los miles o millones de datos que circulan sobre la gente y crear perfiles de comportamiento para, a través de ellos, extraer un beneficio para sí mismos. Y ojo! Es importante que sepamos esta regla de juego más allá de los propios contratos “aceptados” a la ligera. Es importante entender que aceptamos que estemos ayudando de forma inconsciente (ahora ya no) a que en el futuro, todos nosotros estemos más controlados por el “ojo que todo lo ve”, Big Data.

Democratizamos la posibilidad de postergar nuestra información a cambio de que Big Data se aproveche ya no sólo de nosotros sino de los nuestros y nuestro entorno.

Amén!

¿COMPARADO CON QUÉ?

“Somos el segundo país más longevo del mundo”. “Somos la octava economía del mundo” (bueno, antes se ve que sí). “Somos el séptimo país en corrupción del mundo”…

No es fácil cuantificar un concepto en valores absolutos si no lo pones en referencia a algo. Y esto ocurre con mucha frecuencia. Quizás demasiada. Es difícil explicar una cualidad fuera de un contexto de comparación. Digamos que sirve para ilustrar mejor la idea que se intenta explicar.

Lo que ocurre con esto lo mismo que con los refranes, que encuentras siempre un  contrario. Al refrán “A quien madruga, Dios le ayuda” se le opone el “No por mucho madrugar, amanece más temprano”. No digo que todos sus refranes tengas su contrario. Lo que digo es que los datos y las opiniones siempre encuentran un contrario que lo rebate. Es la función más perversa del lenguaje. El lenguaje sirve para explicar cualquier cosas desde el prisma que uno desee. Y lo sabe hacer de una forma convincente porque nos da herramientas.

Las comparaciones son como el lenguaje, siempre hay una comparativa que nos irá bien para potenciar la idea que queremos transmitir. Pero, como los refranes, también tendrán su contrario.

Cuando escuchas debates de gente con muchísimos conocimientos (estadistas, sociólogos, economistas, historiadores….) ves que, al final, todos tienen razón porque todos encuentran el dato histórico que defiende su argumento. Lo preocupante de esta situación es cuando sueltan el dato y nadie lo comprueba. Es un “ahí queda”. Un “Critica que algo queda”. No olvidéis nunca de intentar comprobar todas los datos que muchos personajes sueltan en debates, veréis la cantidad de mentiras (o verdades sesgadas) que se sueltan.

Y uno acaba por perderse. Por no fiarse. Por no tener un pilar de conocimiento sobre el que apoyarse. Todo es relativo y depende con qué lo compares. No hay verdad, solo un valor que pondera nuestro argumento.

Mira, no sé, seremos más confiados. O no! Comparado con qué?

CARTA A LOS PADRES

Lo siento. Creo que es los que deberíamos empezar diciendo en una carta a nuestros padres. Y digo carta por la falta de valor implícita que hay en estos casos de sinceridad. El problema de este “lo siento” es que siempre llega tarde. Llega cuando uno mismo experimenta la paternidad y aparecen con tus hijos unos vínculos emocionales que hasta entonces te eran desconocidos. Y es cuando empiezas a comprender el amor de unos padres hacia sus hijos. Nunca antes.

Leí hace un tiempo que existen una explicación genética al amor que unos padres sienten por sus hijos y no al contrario. La naturaleza, en su evolución natural, ha sabido escribir en nuestra genética un mensaje de dependencia hacia nuestros hijos. El motivo es que sabemos que ellos serán nuestro apoyo en nuestra futura vejez. Y el motivo de la no correspondencia es que ellos (los hijos) saben que nuestro sus padres serán una carga en su vejez.

Justificar de una forma tan científica lo que se siente por unos hijos parece insensible. Muchos dirán que es buscar una explicación racional a la emotividad. Y comparto su opinión. Pero las cosas siempre ocurren porque algún motivo. Otra cosa es que sepamos explicarlo. Cuando no lo sabemos, nos agarramos a sentimientos (religiosos o laicos) para justificarlos.

Escribo esta entrada porque he notado esa profunda dependencia del cariño de mis hijas. Y la comparo con lo que siento por mis padres y la diferencia es abismal. El saldo al final es muy negativo para mis padres. No es inexistente, simplemente que queda en proporción ridícula cuando comparo mi sentimiento hacia mis hijas. Y es la parte injusta de esta entrada y el motivo por el cual todo hijo que se haya convertido en padre debe pedir disculpas a sus padres. Porque es en el momento de tu paternidad cuando visualizas la poca correspondencia que le has dado a tus padres en el caso de que éstos hayan sentido lo mismo que tú ahora sientes por tus hijos.

Sé que a muchos les dará a pensar mis palabras que yo no quiero a mis padres. Todo lo contrario. De lo que hablo, y me disgusta, es que he descubierto que los padres aportan mucho más a una relación sentimental con sus hijos que éstos a sus progenitores. Y me hace pensar que no estuve a la altura en muchas de las conversaciones que tuvimos, o de los gestos que realicé o de las actitudes que tomé. Y solo fue por mi falta de visión de qué ocurría en sus interiores. Me equivoqué. Nos equivocamos. Nos equivocaremos. Y por ello debemos pedir disculpas.

Eso sí, reclamar que tus hijos te adoren como tú les adoras a ellos es una labor perdida. Creo que no va a poder ser. Y es ahora que me sabe mal. Ahora que me doy cuenta que soy la parte generosa de la relación pero que evidencia que antes, era la parte egoísta con mis padres.

Lo dicho, lo siento. Lo siento profundamente. Espero ponerle remedio. Eso sí, si la genética me lo permite 😉

EL ÉXITO DE LA EDUCACION SOCIAL

E ineludible. Es la única y clara diferencia entre la raza humana y el resto de especies de La Tierra. Está claro que lo que nos diferencia del resto de animales ya no es la cantidad de inteligencia de más que tenemos sobre el resto de especies sino de la educación social. Y qué es para mí la educación social? Pues aquella que se nos inculca para poder convivir con el resto de personas en comunidad. Y me gustaría remarcar la palabra “inculcar” puesto que, si bien creo que traemos “de fábrica” unas ciertas normas de convivencia como animales que somos, la efectividad de esta educación a nivel comunitario se da cuando nos la inculcan y cuando ésta está basada en valores racionales.

Algunas muestras de que tenemos incorporada ciertas reglas de convivencia es que sabemos apreciar a nuestros familiares, amamos profundamente a nuestra descendencia, distinguimos al “fuerte” en un grupo o, como un ejemplo más, nos gustaría matar a otros de nuestra especie. Y es aquí, donde se ve claramente que la educación social ha triunfado y se muestra obligatoria.

La educación social ha triunfado puesto que no nos matamos los unos a los otros. Cierto es que hay casos en que salen excepciones, pero son la excepción. Lo normal es que no ocurra nada. Y esto es un éxito de la ecuación que a lo largo de la historia y de las generaciones, se ha ido consiguiendo.

Si damos por hecho que es así, que podemos afirmar que la educación social es vital para distinguirnos del resto de especies animales, debemos preservar este método educativo. Y digo que debemos preservarlo porque noto (horrorizado) que la cosa comienza a torcerse. Que las sociedades que evolucionan, lo hacen de forma cíclica. Y esta forma cíclica hace que, como en muchas situaciones en la vida, las cosas mejoren y empeoren de forma alternativa. Y noto que, tras un periodo de respeto, comienzan a aparecer de nuevo síntomas de que volvemos a atrás. Noto faltas de respeto más frecuentes, aumento en la frecuencia de las agresiones visibles en la calle, maleducados evidenciados a la mínima oportunidad. No sé si tiene algo que ver o no con la crisis económica que agudiza nuestro instinto más animal pero el hecho es que ahora aparece con mayor frecuencia y facilidad.

Adormecer el instinto animal no es fácil pero es absolutamente necesario. ¿Cuántas veces nos han venido a la cabeza frases del tipo “un tiro en la cabeza le metía yo” o “muerto no paga”?. Ese es el instinto animal al que me refiero como peligroso y contra el que hay que luchar. Es necesario.

La crispación es fruto de la incomprensión de la otra parte. De la falta de empatía hacia los otros. Todos tenemos un motivo para algo. Todos tenemos una opinión sobre algo. Y todos tienen la validez que les da sus criterios. Lo que hay que procurar es saber convivir con la discrepancia. Y para ello, no hay nada mejor que la educación social para “silenciar” esos lobos que surgen desde lo más profundo de nuestra genética.

Cuenta hasta diez y ponte en el lugar del otro.

AFILIADOS Vs AFOBIADOS

Hace mucho tiempo, cuando existía cafealasdoce.com y pensaba que mis amigos entendían la amistad como yo (error!!), tuvimos una idea que, incluso, echamos a andar, pero que cayó (como en la mayoría de los casos) en la desidia y el olvido.

La idea se basaba en el concepto afiliación.  Seguro que os habéis fijado en la cantidad de veces que muchas empresas/entidades aluden al número de seguidores y/o afiliados para dar una idea de que son populares y apreciados por una cantidad importante de personas. Cuanto mayor es el número de seguidores/simpatizantes/afiliado, mayor es su valoración. Y me parece lógico. Son datos y son contrastables pero, ¿cómo de contrastables?

Es la respuesta a esta pregunta lo que nos movió, y me mueve ahora, a ofrecer una alternativa a estos datos contrastables. Creo que alegar que una entidad tiene 50.000 seguidores, o un partido político 500.000 afiliados, o que un club de futbol tiene 100.000 socios no es un dato suficientemente válido. ¿Y qué hacen estas entidades para dar validez a ese dato? Pues simple, compararlo con otras entidades que pueden ser o no “adversarios”. Algunos ejemplos para ilustrar lo que comento:

– El Barça tiene más de 100.000 socios. Éstos son más que los del Real Madrid 96.000 aproximados. Es un datos que se utiliza a modo de “soy más que”

– El PSOE tiene unos 620.000 afiliados que, comparados con los del PP (865.000), son poco

– En Facebook, ¿quién tiene más “Me gusta”? Zara o H&M? Quien tenga más, lo utilizará publicitariamente.

Vuelvo a insistir que estos datos no tienen valor en sí mismo. Y no lo tienen porque no existe una herramienta que proporcione datos en sentido contrario. Un dato que contrapese el valor de los aportados en la publicidad de las entidades. Y eso, desde mi punto de vista, no es bueno. Algunos ejemplos también a modo ilustrativo:

– El Barça tiene más de 100.000 socios pero, ¿cuántos detractores deben tener?. Uno podría llegar a pensar que quien es del Madrid es anticulé. Pero no es solo así. Me imagino (y de esto apenas entiendo), que la gente del Espanyol podrían entrar en este grupo de detractores. Igual si sumas todos los colectivo de detractores, sumas el triple de los 100.000 socios del Barça. O quizás el doble de los simpatizantes (que no socios) del club culé. En este momento podríamos hacer una cuenta de resultado a ver si salen o no números negros o rojos.

– El PP tiene 865.000 afiliados pero ¿cuántos detractores?. Siguiendo el paralelismo del ejemplo anterior, igual entre las afiliados/simpatizantes de otros partidos políticos suman más personas detractoras y el dato de los 865.000 se queda pequeño.

Después de esta pequeña introducción, ¿por qué no existen datos acerca de estos detractores? Porque el mundo no está pensado para recoger datos que no sean positivos. No está bien visto poner un “No me gusta” en Facebook. No está bien visto poner mensaje de odio en contra de algo en sistemas públicos. No es diplomáticos. Para ello, apuesto por un concepto nuevo: Afobiarte.

Afobiarte sería lo contrario de afiliarte, es decir, posicionarte en contra de una idea o concepto. Algo así como un “antiafiliarte”. Me gustaría que este concepto se extendiera y que cogiera peso a la hora de comparar cifras y datos. Daría como resultado un dato absoluto que sorprendería a más de uno.

Ya tuvimos un proyecto web bien categorizado para que la gente pudiera afobiarse a partidos políticos, artistas, equipos de futbol, redes sociales, etc, etc… Prometo que cuando tenga una rato, me pongo de nuevo 😉

www.afobiate.com

 

 

MENOS IRPF, MAS IMPUESTOS

Sé que puede sonar incongruente, pero es una teoría que, desde mis limitadas capacidades en economía, tengo desde hace un tiempo. La explicación es muy sencilla y, como en todo, habrá versiones completamente opuestas. Ninguna será válida y ninguna será la acertada, pero todas tendrán una parte de verdad. Aún así, los economistas, como decía Perich, son aquellas personas que saben explicar perfectamente lo que pasó en tiempo pasado pero jamás prever los que ocurrirá en el futuro.

Y me ha venido a la cabeza explicar mi teoría debido a la noticia que ha aparecido hoy sobre que el PP va a bajar los impuestos. Como gran titular. Pero lo que va a bajar en realidad es el IRPF que no tiene por qué ser los impuestos.

Las rentas medias en España están casi siempre por debajo de los 30.000€. De hecho, la media de la renta en el año 2012 (última confirmada) es de menos de 10.000€. Estas rentas suelen tener unas retenciones de entre el 0% y el 20%. ¿Qué significa que el estado reduzca el IRPF? Pues significa que cada mes, cada ciudadano dispondrá de mayor importe neto en su bolsillo. Y todos pensaremos que eso está bien. Y está bien porque así podremos gastar más. Es así como lo piensa en gobierno actual. Si el ciudadano dispone de mayor neto, podrá consumir más. Eso se entenderá como una reactivación de la economía puesto que si consumimos más, las empresas deberán producir más. Al producir más las empresa, generarán mayor empleo. Mayor empleo significará, mayor número de gente consumiendo y mayores ingresos por IRPF (no porcentualmente pero sí en valor absoluto). Y aquí comienza de nuevo la rueda.

¿Y cuál es la trampa según mi punto de vista? Pues que cualquier reducción del IRPF si está enfocada al consumo, lo que significa es que el nivel de IVA recaudado aumenta. Mayor consumo, mayores ingresos por IVA. ¿Y qué tipo de interés tiene el IVA? En la mayoría de los casos un 21%. Además, el mismo gobierno que dice bajar los tipos de IRPF son los que con anterioridad aumentaron el IVA. Y no solo eso, aumentaron los tipos de productos que están tasado con el 21%.

Y es aquí donde llega la solución a la aparente incongruencia inicial de esta entrada. Si el dinero que se tasa por IRPF a un 5% menos (haciendo un resultante neto del 10-15% de IRPF) pero luego, al gastarlo en consumo, se paga a un 21% por el IVA, entonces, estamos pagando más impuestos por el mismo dinero.

Bueno, al fin y al cabo, es una simple teoría de un inexperto en economía.

Ojalá alguien me lo explique diciéndome que estoy totalmente equivocado 🙂

CONTRA LA CHISPA ADECUADA

Dejadme que parafrasee una de mis canciones favoritas de Héroes del Silencio. Viene a cuento.

Supongo que no seré el único que me estoy dando cuenta que lo que pretende desde hace un tiempo el Gobierno es silenciar el pensamiento de los ciudadanos por cualquier medio. Todo con el único fin de proteger a esta casta política que nos ha tocado sufrir. Lo camuflan, eso sí, como una obligación para decirle a la sociedad que hay que tener “buenas formas” para con el resto de los ciudadanos. Pero no es así. Se están protegiendo su culo. A saber por qué creen que se lo deben proteger y de qué. De un ciudadano anónimo? De ese que no puede ir a manifestaciones, ni decir lo que le sale de los cojones en las redes sociales, ni de insultar a quien le apetezca? De ese ciudadano? No, no creo que sea así.

De lo que quieren protegerse es de la “chispa adecuada”. Y defino la “chispa adecuada” a aquel punto de crispación que generará una corriente alternativa a la estructura actual. A un movimiento sin vuelta atrás que hará que la sociedad muestre su hartazgo con toda esta “buena educación” que nos quieren implantar. Pensad qué situación tuvo que vivir Francia para que en su Revolución más famosa, la ciudadanía llegara ajusticiar ciertos estratos sociales y políticos por medio de una guillotina. No creo que un ciudadano (o una masa de éstos) se levantara un día con ganas de “juerga”. Fue una situación de crispación extrema que llevó, de forma casi espontánea, a que se produjera esta Revolución. Hoy, gracias a Energía (=Dios), tenemos una mejor cultura y unas mayores tragaderas. Hoy no usaríamos guillotinas, claro está, pero no porque a veces no pase por la cabeza de la gente de vez en cuando, sino porque está penalizado.

El problema es que ya no podemos ni siquiera manifestarnos, ni mostrar nuestra disconformidad con alguien o con algo. No podemos mostrar más que sumisión. Todo lo demás ya es delito. Y si no lo es, lo será. Es la única puerta encontrada por los desvirtuados para intentar que no aparezca la “chispa adecuada”. Nuestras vías están cortadas.

Eso sí, desde “arriba” se lo ponen todo de cara para que el ataque solo pueda ser unidireccional. Toda la red de seguridad está gestionada por los mismos. Éstos, observan una corriente de opinión en contra que va cogiendo fuerza. Qué hacen? Convertirla en delito y perseguirlo desde el minuto uno. Y por qué unidireccional? Pues muy sencillo, porque si ellos hacen lo mismo, que lo hacen, o algo peor (alguien se atrevería a decir que los suicidios son responsabilidad de políticas sociales poco protectoras), cualquier ciudadano podría emprender acciones judiciales contra ellos y darles de su propia medicina. Pero oh! Algo pasa! Para que no podamos hacer lo mismo suben las tasas judiciales para que la gente no vaya a pensarse que la Justicia también existe para ellos. Miserables y crédulos. Somos así. Y al final, lo aceptamos.

Pues no! A ver qué se han pensado! ¿Van a poder meterse en las puertas de cualquier bar y atender lo que se dice en la barra delante de una cerveza? No, no van a poder. Y no van a poder que en una conversación de café alguien desee la muerte a alguien (por muy bien o muy mal que esté). Alguien debería explicar a estos desvirtuados que las redes sociales son la barra de un bar de Internet. Y podrás poner policías para intentar apaciguar esa potencial “chispa adecuada”, pero no podrás cubrir todos los pensamientos de este puñetero país. Vamos, para que lo entendáis, no podréis poner puertas al campo.

Cada uno odiará a quien le salga de sus honorables. Y cada cual amará a quien le apetezca. Y cada cual escribirá lo que quiera donde quiera porque es el único bastión que nos ha dejado esta forma de educar borregos. Lo habéis hecho también vosotros. Se os escapó de las manos, eso sí. Es una muestra más de vuestra incapacidad de comprender qué es un pueblo y sus necesidades.

Ala, ahora me voy a twittear, postear toda la mierda que me salga de los míos, que para eso están!!!